LA PATRONA, AMATLÁN DE LOS REYES, VERACRUZ.-A lo lejos, el silbato se escucha, poco a poco se hace mas intenso, y con ello la tensión aumenta. En algunos hogares se genera movimiento, es la Bestia la que anuncia su paso, la que diariamente y por espacio de casi dos décadas cruza una vez mas por las vías de la Patrona, población de Amatlán de los Reyes en el Estado de Veracruz.
A bordo de ella, en su lomo, viajan decenas de migrantes, muchos de ellos centroamericanos en busca de su llamado sueño americano.
A medida que el tren se acerca, de entre los caseríos, salen presurosas las mujeres, con ellas también varios hombres, algunos son voluntarios del Movimiento Jesuita, llevando entre sus manos bolsas con comida y agua.
Ellas son las llamadas Patronas, la salvación para cientos de migrantes quienes viajan montados en la “Bestia”, y que llevan como destino la frontera Norte de México.
El tren ya está muy cerca; las mujeres y voluntarios, ya están apostados a un lado de la vía del tren.
Las patronas agitan sus manos haciendo señas al maquinista para que aminore la velocidad y así tener la oportunidad de lanzarles a los viajeros improvisados, a los migrantes, alimento y agua para soportar el resto del viaje.
La máquina, sin detenerse pasa frente a ellos, y en escasos segundos las viandas literalmente vuelan de sus manos y son atrapadas por las ávidas manos de los migrantes quienes literalmente cuelgan de los vagones en busca de la comida.
Algunos han tenido suerte y han “pescado” algunas bolsas con sopa de arroz, pan y botellas con agua; otros se van con las manos vacías, pues el tren, la Bestia no se detiene.
A poco de que éste ya ha pasado, las mujeres recogen lo que no llegó a su destino y regresan a sus hogares en espera del siguiente tren para repetir su acción.
Esta escena se repite diariamente; a veces son más los migrantes, tantos que se distribuyen hasta 100 raciones en un día.
Sin embargo, el flujo a disminuido a últimas fechas dice Bernarda Vázquez Romero, una de las patronas que junto a su madre Leonila Vásquez Alviso y el resto de sus hermanas realizan esta diaria labor desde hace ya 18 años.
“Ha bajado el número de migrantes, a veces el tren pasa hasta 3 veces por día con 10, 20, y a veces no trae a nadie”.
Inicios
Bernarda Romero Vázquez dijo haber iniciado esto desde hace casi dos décadas; un 4 de febrero de 1995, “veníamos mi hermana Rosa y yo de la tienda con comida, de pronto escuchamos gritos que provenían del tren pidiéndonos que les diéramos pan y leche, seguimos sin hacer caso, pero pronto decidimos dárselos, así comenzamos y hasta la fecha”.
Desde entonces dijo Bernarda, diariamente a partir de las 10 de la mañana, ella sus hermanas y aproximadamente 10 mujeres mas preparan alimento para los migrantes.
“Al principio poníamos de nuestra propia despensa familiar, después empezamos a recibir donaciones y hasta el momento eso es lo que nos ha sostenido, pues las panaderías nos dan su producto al igual que otros negocios nos dan mercancía”.
Bernarda dijo que la afluencia de migrantes ha bajado mucho desde hace algunos meses debido al cobro de “derecho de piso” que dice relatan los mismos migrantes han sido víctimas de pandilleros que viajan también en la Bestia para asaltarlos y en ocasiones abusar sexualmente de las mujeres que ahí también viajan.
Y es que quien no paga la cuota demandada puede sufrir graves consecuencias como le pasó a Nelson, un joven hondureño quien junto con su esposa de la cual omitió su nombre, viajaban en un de los vagones de la Bestia y que fueron interceptados en el poblado Tierra Blanca a unos 65 kilómetros de la Patrona.
Desde su viaje, iniciado en Tenosique, Tabasco hasta Tierra Blanca, Veracruz, fue un suplicio para ambos, narró Nelson.
“Cuando salíamos de Tierra Blanca nos abordaron unos pandilleros y nos pidieron 100 dólares a cada uno, de lo contrario nos lanzarían del tren en movimiento, yo no supe que hacer, me quedé mudo”.
Nelson dijo que al no tener dinero esperaba que los pandilleros les perdonaran la deuda, mas no fue así, y a el lo lanzaron del tren en movimiento y a ella, a su esposa se la llevaron secuestrada.
“No supe que hacer, como pude llegué aquí y ahora busco la ayuda de las patronas para encontrar a mi esposa”.
Y es que la zona de Coatzacoalcos, Medias Aguas y Orizaba es considerada un foco rojo en la ruta migrante.
Y es que la llamada ruta migratoria en los últimos 5 años se ha convertido en un suelo fértil para quienes aprovechándose de la vulnerabilidad de ellos obtiene provecho a costa de sus vidas
Ahora Nelson vive tan sólo con la esperanza de encontrar a su esposa viva.
Fray Tomás González, responsable del albergue la 72 en Tenosique, Tabasco, y quién recibiera recientemente el premio franco-alemán de Derechos Humanos, “Gilberto Bosques” 2013, dijo conocer muy bien la situación y el calvario que vive el migrante en su paso por México y el constante abuso de sus derechos humanos por parte de las autoridades y de los abusos y extorsiones a cargo de la delincuencia organizada.
“En México no solamente no se respetan los Derechos Humanos, sino que desde el Estado hay una sistemática violación a los Derechos Humanos, y hay grupos bien identificados de Defensores de Derechos Humanos que están siendo atacados”.
Pero dijo, no todo está perdido, “poco a poco la sociedad y algunas dependencias comienzan a sensibilizarse, es un proceso largo pero confíamos en que con el tiempo esto tendrá sus frutos”.
Reconocimiento
Norma Vásquez Romero, responsable del comedor y quien recibiera junto con su madre el premio nacional de los Derechos Humanos 2013, dijo que los migrantes que viajan en el tren son un signo de esperanza, “porque todos los migrantes que van en el tren están luchando por encontrar una vida mejor, sabemos que su caminar no es fácil, pero nosotros desde aquí les damos aliento”.
Dijo también que el respeto a los Derechos Humanos es una responsabilidad de todos, “desde los policías, funcionarios y la sociedad civil, todos deberías de ponerlos en práctica”.
México, segunda opción
Alfredo Antonio López Alcántar, salvadoreño, dijo haber ingresado a los Estados Unidos a la edad de 17 años, y disfrutado por largo tiempo del llamado sueño americano.
Con su estadía, López Alcántar obtuvo la residencia. Sin embargo, las malas decisiones afectaron su estatus migratorio y como consecuencia fue deportado a su país de origen.
“El sueño final no es los Estados Unidos, México como país de destino es una buena opción para poder rehacer una vida, en ocasiones de tanto buscar la situación se complica, es por ello que podemos tomar a este país como una oportunidad para reiniciar una nueva vida”.
Ahora López Alcántar, dijo haberse incorporado a la vida económica en el país, aunque dijo continuar como indocumentado en México sin que esto le genere mayores problemas, “mientras no te metas en líos y lleves una vida ordenada y con trabajo todo podrá transcurrir de manera normal”, finalizó diciendo.
Leonila Vásquez Alviso, originaria de la Patrona, ama de casa, durante casi dos décadas han alimentado a los migrantes. Ahora ella ha recibido el premio nacional de los Derechos Humanos de manos del ejecutivo federal debido a la labor a favor de los migrantes.
De nueva cuenta, Leonila, regresa a su casa al comedor la Esperanza del Migrante para continuar con su diaria labor de alimentar a los viajeros.
“Darle de comer a un migrantes decían es un delito, pero como lo va a ser, no puede ser, nos espantábamos cada vez que escuchábamos eso, pero nosotros seguíamos dándolo; hasta que después de 7 años se comenzó a hablar de los Derechos Humanos y empezamos a poner cuidado”.
Leonila dijo estar preocupada por la situación que viven los migrantes; “desde que salen los pobres comienzan a sufrir y mucho mas cuando pasan por México, pues ya ve como están las cosas por aquí”.
Por Luis Ángel Galván Peimberth
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