Buscar a los desaparecidos en un país que aprendió a callar
Cada 10 de mayo, mientras gran parte del país celebra el Día de las Madres, cientos de mujeres en México salen a las calles con fotografías colgadas al pecho, veladoras y fichas de búsqueda. No buscan homenajes. Buscan a sus hijos.
México acumula más de 132 mil personas desaparecidas y no localizadas hasta mayo de 2026. La mayoría de los casos se concentra en los últimos 20 años, en medio de la violencia ligada al crimen organizado, la impunidad y el debilitamiento institucional. En ese vacío, los colectivos de búsqueda —integrados principalmente por madres y familiares— se han convertido en la única esperanza para miles de personas que siguen esperando respuestas.

En Durango y La Laguna, el colectivo de madres buscadoras del que forma parte Gema Salas mantiene búsquedas permanentes, distribución de fichas y acompañamiento a familias. Actualmente agrupan a 57 familias registradas, incluyendo casos donde una sola familia tiene hasta siete desaparecidos. Además de operativos en Vicente Guerrero, El Salto y Santiago Papasquiaro, preparan acciones en Zacatecas, Sinaloa y Mezquital, donde existen indicios relacionados con desapariciones recientes.
La tragedia también golpea a familias completas. Gema relata el caso de una familia de Gómez Palacio que enfrenta múltiples desapariciones y años de incertidumbre, reflejando cómo la violencia ha dejado hogares enteros fracturados.

“Lo único que pedimos es que nos regresen a nuestros familiares, como estén, en la calidad que estén, pero que nos regresen”, afirma Gema.
Pero la búsqueda no termina cuando aparecen restos humanos. Ahí comienza otro calvario: el burocrático.
Uno de los casos expuestos durante la entrevista involucra a una familia que, pese a contar con documentos oficiales y la confirmación del fallecimiento de un desaparecido, no ha podido recuperar los ahorros que la víctima tenía en Caja Hipódromo.
“Las instituciones financieras siguen pidiendo una fecha exacta de defunción, aunque el cuerpo ya fue identificado. ¿Cómo determinan una fecha exacta cuando fue localizado en una fosa clandestina?”, cuestiona Gema.
La negativa ha dejado a varias familias atrapadas entre trámites, requisitos imposibles y una crisis económica derivada de años de búsqueda.

Sin embargo, el desgaste no termina ahí. Gema también denuncia el trato que reciben muchas madres buscadoras en la Central Camionera cuando intentan trasladarse para búsquedas, diligencias o reuniones oficiales de la Comisión Nacional de Búsqueda.
Según relata, aun cuando presentan documentos oficiales y oficios relacionados con las búsquedas, en ocasiones no les respetan los descuentos acordados y además reciben malos tratos por parte del personal.
“No vamos de vacaciones, no vamos de paseo. Vamos a actividades que no quisiéramos ir, porque no quisiéramos tener que ir”, señala. Pero además agrega que muchas veces las madres son atendidas “de manera grosera y déspota”, pese a la situación emocional y económica que enfrentan.
La buscadora asegura que para muchas familias cada viaje representa sacrificar comida, trabajo o gastos básicos del hogar. Aun así, deben trasladarse constantemente entre estados para pegar fichas, asistir a diligencias o participar en rastreos.
En semanas recientes, 45 familias de Durango y La Laguna participaron en reuniones con la Comisión Nacional de Búsqueda, mientras continúan creciendo las exigencias hacia autoridades estatales y federales por la falta de resultados reales.
La esperanza de algunos colectivos también se ha movido hacia Sinaloa. Tras la crisis política y los señalamientos contra el gobernador Rubén Rocha Moya, varias madres consideran que podría abrirse una nueva etapa.
“Esperamos que las nuevas personas que queden al frente sean un poquito más empáticas y que realmente nos permitan realizar las búsquedas”, señala Gema.
Sin embargo, quizá la frase más dura aparece cuando habla del vínculo entre una madre y un hijo desaparecido:
“No importa los errores que haya cometido tu hijo, al final de cuentas es tu hijo y lo vas a amar incondicionalmente.”
Por eso, mientras el país celebra el Día de las Madres, ellas continúan recorriendo terminales de autobuses, oficinas, brechas y fosas clandestinas. Porque para miles de buscadoras en México, dejar de buscar significaría aceptar el silencio.
Por Luis Ángel Galván Peimberth
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