Alerta Roja Emocional: El grito de auxilio que no se quiere escuchar

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DURANGO, Dgo.- Hay jóvenes que todos los días llegan a las aulas aparentando normalidad mientras por dentro lidian con niveles asfixiantes de ansiedad, agotamiento emocional, presión social o depresión. Muchos continúan entregando tareas o intentando encajar en su entorno mientras atraviesan crisis profundas que sus familias, maestros o incluso ellos mismos no logran comprender del todo.

En el estado de Durango, la salud mental ha dejado de ser un debate exclusivamente clínico para convertirse en una emergencia social palpable en hogares, escuelas de educación básica, estudiantes a nivel medio y superior. Y aunque el grito de ayuda de las nuevas generaciones es cada vez más fuerte, la capacidad institucional para responder continúa completamente rebasada.

El entorno escolar y las “bombas latentes”

Las aulas duranguenses se han convertido en el primer termómetro de un deterioro emocional generalizado. Los docentes y psicólogos clínicos describen el panorama escolar actual como una acumulación de “bombas latentes”, donde la falta de herramientas emocionales y los rezagos del confinamiento detonan conductas de riesgo.

María Antonieta Méndez Salas, maestra jubilada de la Secretaría de Educación del Estado de Durango (SEED), describe un preocupante cambio en las dinámicas tras la pandemia, apuntando al aislamiento y a la fractura familiar como detonantes de violencia:

 

“Los niños son muy agresivos y decimos: esto no está bien, o cuando los niños llegan tristes. He visto que en las casas, como ya hay una fracturación de la familia, pues ¿qué estarán viviendo?; la pos pandemia nos trae eso…hay consecuencias a nivel cerebral y emocional”.

 

A esto se suma el alarmante fenómeno de la desatención familiar provocada por el uso desmedido de la tecnología, creando lo que la especialista denomina niños desprotegidos ante las pantallas:

“Es el niño que pasa sobre las pantallas todo el tiempo y es invisible para sus papás. ¿Por qué? ¿Qué estamos haciendo los papás? Estamos también en las pantallas”.

 

En este vacío de contención, los menores se vuelven vulnerables a dinámicas agresivas. La psicóloga clínica Diana Aline Rodríguez Rocha advierte que la consulta infantil y adolescente se encuentra saturada por casos graves donde la falta de empatía escolar destruye vidas desde edades muy tempranas:

“Me quedo sorprendida de que ya no hay esa parte de empatía ni en las escuelas. Me llegan pacientes desde los ocho o nueve años sufriendo bullying y nadie se da cuenta o nadie detiene lo que está pasando… Lo que más se está presentando es depresión, ansiedad y bullying, lo cual nos está llevando a tener ideas e intentos suicidas”.

El freno estructural: El vacío de plazas y la realidad en las aulas

En México, más del 98 por ciento de las escuelas públicas no cuentan con psicólogos permanentes, mientras el país enfrenta un incremento sostenido de ansiedad, depresión y suicidios entre la población joven; Durango no escapa a esa realidad.

La raíz de que las escuelas y secundarias locales se encuentren desprotegidas radica en una severa carencia estructural de plazas que depende directamente de la asignación presupuestal federal.

Guillermo Adame Calderón, Secretario de Educación del Estado de Durango (SEED), reconoció abiertamente que el incremento en el número de estudiantes con problemas emocionales ha rebasado las capacidades operativas del estado, enfatizando la necesidad urgente de especialistas:

“Se está incrementando el número de estudiantes que requieren atención… Necesitamos tener más plazas de psicólogos y trabajadoras sociales en las instituciones. Hasta el momento, las plazas que la Federación ha autorizado son limitadas y es mucho el incremento de problemas en la población. Hace falta en secundarias, en primarias, en medio superior y superior. Son muchas las plazas que hacen falta para atender el problema de salud mental”.

 

Al ser preguntado sobre cuándo se vería un progreso real respecto a las vacantes, el Secretario enfatizó que Durango depende por completo de la liberación de recursos nacionales, aunque la medida es ya impostergable para los siguientes años: “Necesitamos que la Federación autorice recursos para la creación de las plazas… Urge tomar una medida de este tamaño por los problemas que existen”. Además, Adame alertó que el diagnóstico es generalizado: “No solo son los alumnos; requieren también apoyo los docentes y los padres de familia”.

Esta crisis de vacantes oficiales la vive día a día en el terreno Nícté Rivas Graciano, psicóloga clínica con maestría en Educación y directora de Nutrymente, quien sube la voz para detallar el impacto y las limitaciones extremas del sistema público básico ante la falta de cobertura real:

 

“Los profesionales de la salud no nos damos abasto porque realmente somos pocos los que estamos a cargo de la salud mental en general. En las instituciones públicas no hay plazas para los psicólogos, o sea, es un psicólogo por zona. Entonces, ¿cómo se va a dar abasto con un psicólogo para atender tan solo una escuela? Los departamentos que tiene la escuela por parte del gobierno es USAER, y pues USAER nada más se encarga de ciertos conflictos o problemáticas, pero no se atiende a la mayoría de la población”.

 

Este vacío estructural coincide con las denuncias de las bases docentes en el entorno rural. La maestra Méndez Salas externó los riesgos paralelos que viven los planteles en el estado, señalando el descuido de la infraestructura física y el miedo bajo el cual operan los profesores en las comunidades:

“A mí sí me gustaría mucho la atención a los directores, porque ellos tienen que ver las necesidades físicas de infraestructura de las escuelas, que eso está muy abandonado también, y también los que son maestros rurales están enfrentando otras cosas… los maestros están con miedo, están con temor para hacer su trabajo. Antes nos respetaban mucho a los maestros en las comunidades, ahora hay mucho riesgo con ellos, no hay una seguridad, como ninguno… sí nos deben de cuidar como profesores, porque estamos haciendo un servicio”.

Testimonios del peligro: El riesgo de los retos virales

Detrás de las alarmas clínicas y las carencias presupuestales existen realidades humanas desgarradoras. La vulnerabilidad de los adolescentes duranguenses ante la presión de las redes sociales y la necesidad de aceptación se materializa en conductas de alto riesgo, como los retos virales basados en la ingesta de fármacos controlados dentro de las mismas escuelas.

Una madre de familia duranguense, identificada de forma protegida como Karen, relata el momento en que se encendieron los focos rojos en su hogar:

 

“Traje a mi hija a terapia, más que nada porque está entrando a la adolescencia y ahorita tiene muchas dudas acerca de sí misma, del amor propio, del bullying que pasa en las escuelas, de tantas cosas que salen también en las redes sociales que las ponen… los contrapuntean para jugar con su mente… Ella empezó a rechazar cualquier cosa que yo le preguntaba, a encerrarse en su cuarto, a ser una rebelde, a hacer lo que las demás personas le pedían”.

 

La situación en la vida de madre e hija escaló hasta rozar la tragedia cuando la menor cedió a las dinámicas de presión social de su entorno escolar:

“El detonante de su comportamiento fue que empezó a hacer como unos retos que le ponían en la escuela, como tomar medicamentos. Sí ingirió medicamentos y yo, gracias a mi hermano que la vio, me de cuenta de lo que estaba haciendo… Vi su comportamiento muy sonriente, pero estaba dormida y desconcentrada. Eso me puso más en alerta”.

 

La hija adolescente, cuyo testimonio se resguarda bajo estricto anonimato, externó en sus sesiones el inmenso peso que cargan los jóvenes al intentar aparentar bienestar frente a sus pares: “Muchos jóvenes sienten que tienen que demostrar que están bien aunque realmente estén atravesando ansiedad o depresión… A veces sientes que tienes que poder con todo sola”.

Karen, por su parte, reconoce que el estigma y los juicios del propio entorno familiar dificultan que los padres busquen ayuda a tiempo: “Hay algunos que dicen que ella lo hace por llamar la atención; sin embargo, yo sé que es lo que necesita… Todos necesitamos terapia”.

El colapso en el nivel superior: Siete mil estudiantes y un solo psicólogo

La crisis no se detiene al salir de la educación básica; por el contrario, en el nivel universitario los detonantes se multiplican. El estrés académico se entrelaza con carencias económicas crónicas, forzando a los estudiantes a un desgaste físico y mental insostenible.

Miguel Díaz, estudiante y representante de la comunidad estudiantil en el Instituto Tecnológico de Durango (ITD), ofrece una radiografía de las condiciones en las que operan los jóvenes de nivel superior:

 

“La salud mental está muy delicada por la presión escolar, por la presión familiar y por la presión económica que se vive día con día. Recordemos que en el Tecnológico, aparte de estudiar, hay compañeros foráneos que a lo mejor no tienen las condiciones para estar solventando el tema de su renta, de su alimentación y de su transporte, recurren a agarrar un trabajo de medio tiempo y pues el estrés de la escuela, el estrés del trabajo y el estrés familiar a lo mejor de no estar en su casa, no estar en donde ellos viven, pues eso genera cierto desgaste psicológico”.

 

La respuesta institucional ante esta demanda es, en palabras de Díaz, alarmantemente deficiente debido a la falta crítica de personal:

“La psicóloga que está en nuestra institución no está dando abasto, tiene ahorita agenda de compañeros que están solicitaron la atención y los están desplazando hasta tres meses por el tema de que sí está muy delicado el tema de la salud mental… ¿Con cuántos psicólogos o profesionales de la salud mental cuenta el Instituto Tecnológico? Con uno solo. ¿Con uno solo nada más? ¿Para una población de cuántos? De más de siete mil alumnos”.

 

El representante estudiantil advierte que este abandono institucional ha dejado desamparados a los alumnos en momentos críticos, estimando que “desgraciadamente más del 40% de nuestros compañeros sí tienen algún problema respecto a su salud mental… es algo muy preocupante”.

El debate político y la asistencia social

Este vacío de atención en las aulas ha escalado hasta el Congreso del Estado de Durango, donde la diputada local Sughey Torres insistió en la urgencia regulatoria: “No tenemos psicólogos en las primarias… Necesitamos muchos más psicólogos en las escuelas”.

Asimismo, la diputada Nadia Milán denunció las fallas de atención psiquiátrica que persisten en la Comarca Lagunera, advirtiendo que el Estado debe cumplir con las garantías del derecho a la salud.

“Si nosotros como gobierno no abonamos a tener las garantías, que es el derecho a la salud, pues estamos un poquito mal… ¿Cómo va a estar un hospital en Gómez Palacio donde llega una persona, estuvo ahí un día completo y no había especialista?”.

El suicidio como la alerta máxima de una sociedad

Cuando las redes de apoyo del hogar fallan y las instituciones públicas no ofrecen alternativas de contención, el desenlace suele ser fatal. El incremento de muertes autoinfligidas en Durango es el indicador más doloroso de una crisis que no ha sido atendida a tiempo.

El Doctor Jorge Hernández Zamora, presidente de la Asociación de Profesionales de la Salud, aporta cifras y factores determinantes sobre el fenómeno en la entidad:

“El problema es real, es un problema de salud pública. Sigue siendo un problema muy grave el incremento de suicidios en Durango, más o menos llevamos unos 60, que es un número muy alto comparado al año pasado. Las principales causas que ubicamos son temas de consumo de drogas, temas de depresión fundamentalmente y variantes de carácter económico”.

 

Ante este escenario, los profesionales de la salud hacen un llamado urgente a las familias a no ignorar las alarmas somáticas y conductuales (dejar de comer, no dormir, aislamiento) y a perder el miedo a los tratamientos clínicos interdisciplinarios:

“A muchas personas les cuesta mucho trabajo esta parte de tomar tratamiento psiquiátrico, lo ven mal… Sienten que si toman tratamiento psiquiátrico será para siempre, y realmente no. Es un apoyo; se trabaja en conjunto (psicólogos, médicos, nutrición y psiquiatría) para poder llegar a una solución definitiva a lo que está sucediendo”.

Por Luis Ángel Galván Peimberth
@enlacemagazine

 

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