Más que una elección: el voto hispano entre el temor, la representación y la decisión de hacerse escuchar

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DURANGO, Dgo.-La elección de medio término de Estados Unidos no solamente se juega en las urnas. También se expresa en las conversaciones de quienes temen acudir a votar, en las boletas que llegan por correo y en una comunidad hispana que busca tener mayor representación en las decisiones que afectan su vida cotidiana.

Desde Norwalk, California, Dora Sandoval; desde Sterling, Illinois, el duranguense José Ángel Cano; y desde la perspectiva de Ignacio Medrano, originario de El Salvador, ofrecen tres testimonios que permiten observar distintas preocupaciones y expectativas ante las elecciones del 3 de noviembre.

No hablan desde el mismo lugar ni describen exactamente la misma realidad. Sin embargo, sus declaraciones coinciden en un punto: el voto ha adquirido una relevancia que rebasa la competencia entre partidos.

Representación y temor: la experiencia de California

Dora Sandoval conoce la participación política desde dentro. Residente de Norwalk desde hace 25 años, anteriormente formó parte de la Junta Directiva del Distrito Escolar de Little Lake City, cargo que ocupó entre 2015 y 2020. Ahora busca regresar a ese espacio de representación.

 

En su comunidad, donde señala que alrededor del 80 por ciento del alumnado es hispano, considera importante que quienes toman decisiones conozcan la cultura y las necesidades de las familias.

“Necesitamos gente que sea responsable fiscalmente, que sepa llevar un presupuesto, que nuestra comunidad, que es mayormente latina, tenga a alguien que se vea como ellos, hable como ellos, sepa la cultura de ellos y puede ser representante de esta comunidad tal como es”, expresó.

Pero su preocupación también está relacionada con el ambiente migratorio y sus posibles efectos en la participación ciudadana.

“Ya estamos cansados de ver tanto abuso hacia nuestra comunidad”, manifestó. Y al referirse a la decisión de acudir a las urnas, describió una contradicción: conocer la importancia del voto y, al mismo tiempo, sentir temor.

“Sí sabemos el poder que tenemos como votantes, pero también tenemos temor de salir a las urnas a votar”.

Sandoval relató que, en el lugar donde observó la actividad electoral, encontró poca presencia de personas utilizando las máquinas, aunque sí vio movimiento de electores que acudían a depositar sus boletas. Su observación permite acercarse a una realidad que las cifras de participación también ayudan a explicar: votar ya no significa necesariamente presentarse el día de la elección frente a una máquina.

En Illinois, el temor también modifica decisiones

Desde Sterling, Illinois, el duranguense José Ángel Cano ofrece otra perspectiva. En esa localidad, ubicada a unas dos horas de Chicago, considera que existe mayor tranquilidad para acudir a votar debido a que, según explica, la policía local no coopera con las autoridades migratorias.

Sin embargo, relata que la presencia de agentes migratorios en un restaurante de la zona, aunque no terminó en detenciones, provocó temor entre algunos habitantes y modificó sus actividades cotidianas.

Cano también observa que una parte de la población ha recurrido al voto anticipado y considera que el ambiente migratorio ha influido en la elección de votar por correo.

“Y precisamente por eso mucha gente mandó el voto por correo, para evitar esos problemas. Y como ha visto en las noticias, el voto por correo rompió el récord de todos los años. Por el temor que han sembrado ellos mismos se están perjudicando de esa manera”, afirmó.

Su declaración es una percepción personal sobre lo que ha observado en su entorno, pero adquiere relevancia al contrastarla con el crecimiento del voto postal en California y otras regiones del país. No obstante, las estadísticas disponibles no permiten establecer cuántos electores hispanos eligieron esa modalidad específicamente por temor a las autoridades migratorias.

El voto como forma de hacerse escuchar

Para Ignacio Medrano, originario de El Salvador, la participación electoral representa una vía para expresar inconformidad y buscar cambios políticos. En su opinión, las protestas y los procesos judiciales no han conseguido los resultados esperados, por lo que considera que la participación en las urnas puede tener un efecto distinto.

“Pero el voto sí va a golpear. Sí les va a afectar a los que estaban esperando resultados a su favor”, señaló.

Medrano también destacó que las manifestaciones contra las operaciones migratorias han reunido a personas de distintos orígenes, no solamente hispanos. En ese sentido, considera que la inconformidad no se limita a una comunidad, sino que también alcanza a sectores afroamericanos y anglosajones.

Al referirse a la posibilidad de que más hispanos participen en estas elecciones, expresó su expectativa de que quienes anteriormente no acudían a votar se involucren ahora.

“Esto va a ayudar a despertar a los hispanos que nunca salieron a votar. Ahora van a salir a votar”.

Las cifras: mayor interés y una nueva forma de votar

Las percepciones de los entrevistados coinciden con un dato relevante del Pew Research Center. En su estudio publicado el 16 de octubre de 2026, el organismo encontró que el 53 por ciento de los votantes latinos registrados se declaraba extremadamente motivado para votar, frente al 41 por ciento registrado en una medición comparable antes de las elecciones de medio término de 2022. Asimismo, el 45 por ciento dijo haber pensado mucho en los comicios, frente al 24 por ciento de hace cuatro años.

El mismo estudio encontró que el 51 por ciento de los votantes latinos registrados prefería al candidato demócrata para la Cámara de Representantes de su distrito, mientras que el 24 por ciento se inclinaba por el republicano. Estas cifras reflejan preferencias declaradas, no resultados electorales ni una garantía de asistencia a las urnas.

La economía continúa siendo el principal asunto para los votantes latinos: el 86 por ciento la considera muy importante al decidir su voto. Le siguen la atención médica, con 80 por ciento; la educación, con 75 por ciento; el futuro de la democracia, con 69 por ciento, y la inmigración, con 64 por ciento.

En California, el voto por correo también muestra el peso que ha adquirido esta modalidad. Al 1 de noviembre, en el condado de Los Ángeles se habían procesado cerca de 1.4 millones de boletas y el 90 por ciento correspondía al voto postal. En Orange County, al 2 de noviembre, se habían procesado 613 mil 165 boletas, de las cuales el 92.1 por ciento había llegado por correo y el 7.7 por ciento correspondía al voto presencial.

Estos datos son preliminares y corresponden a dos condados, no al conjunto de Estados Unidos ni a todos los votantes latinos. Sin embargo, ayudan a entender por qué la actividad en los centros de votación no siempre refleja la totalidad de la participación: una proporción importante del electorado ya había emitido su voto antes del día de la elección.

El voto por correo no nació con la actual coyuntura migratoria. Su expansión se aceleró durante la pandemia de COVID-19 y se mantuvo después, impulsada también por las leyes estatales y la posibilidad de votar con mayor flexibilidad. Por eso, aunque el temor descrito por Cano y Sandoval merece atención, no puede presentarse como la causa general del crecimiento del voto postal.

 Una elección que también se mide en participación

Las elecciones de medio término renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y una parte del Senado. No se elige presidente, pero el resultado puede modificar el equilibrio de fuerzas en el Congreso y la capacidad de la administración federal para impulsar o enfrentar sus políticas.

Para los entrevistados, esa disputa tiene consecuencias que van más allá de Washington. Está relacionada con la representación de sus comunidades, la política migratoria, la seguridad y la posibilidad de que sus preocupaciones sean escuchadas.

Por Luis Ángel Galván Peimberth

@enlacemagazine

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