México y Perú cierran nueve meses de ruptura: la comunidad peruana celebra con cautela
Nueve meses duró la distancia en que dos naciones con siglos de lazos culturales, históricos y humanos se miraron de lejos, separadas por una decisión política que pocos en la base esperaban ni comprendian del todo.
Este pasado viernes, los gobiernos de México y Perú formalizaron la reanudación de sus vínculos bilaterales mediante un comunicado conjunto de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en el que ambas naciones reafirmaron su compromiso con el derecho internacional y los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
“Los gobiernos de los Estados Unidos Mexicanos y de la República del Perú, considerando los históricos lazos de hermandad, amistad y cooperación que los unen, acordaron, en esta fecha, la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos Estados.”
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó durante su conferencia matutina que Betssy Chávez, quien permaneció bajo resguardo de la representación brasileña tras el cierre de la embajada mexicana en Lima, aterrizó en territorio mexicano ese mismo día, acompañada por dos funcionarios de la SRE. Sheinbaum calificó el salvoconducto como un gesto de buena voluntad del gobierno de Fujimori, y subrayó que la política exterior mexicana apuesta por el diálogo con todas las naciones, salvo Ecuador, cuyo caso considera un agravio a la soberanía nacional.
Para entender el alcance de este acuerdo hay que regresar al 7 de diciembre de 2022, cuando el Congreso peruano destituyó al presidente Pedro Castillo tras su fallido intento de disolver el Legislativo. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador salió en su defensa y otorgó asilo a su familia, una decisión que Lima interpretó como una injerencia inaceptable en sus asuntos internos. La tensión se fue acumulando durante los años siguientes, con embajadores retirados y expulsados, hasta que el 3 de noviembre de 2025 Perú anunció la ruptura oficial, detonada por el asilo que la embajada mexicana en Lima concedió a Betssy Chávez, ex titular del Consejo de Ministros de Castillo, condenada posteriormente a once años y cinco meses de prisión por conspiración para la rebelión.

El deshielo comenzó en julio de este año, cuando la entonces presidenta electa Keiko Fujimori señaló su intención de retomar el diálogo con México. Esa señal abrió la negociación que culminó con el acuerdo del viernes. El gobierno peruano precisó que el salvoconducto se otorgó bajo reserva de solicitar la eventual extradición de Chávez, conforme a los tratados vigentes entre ambos países.
Desde la diáspora peruana en Dallas, la noticia no genera euforia, sino algo más matizado. El Doctor Juan Gómez, economista con doctorado en liderazgo y miembro del colectivo Defensa de la Vida, organización surgida precisamente en los días posteriores a la detención de Castillo, lo explica con precisión.
“A nivel pueblo siempre el pueblo peruano está con el pueblo mexicano. A nivel liderazgo, la mayoría también estamos con ustedes, solamente que la minoría de la derecha tiene el poder”, apuntó.
Para Gómez, los lazos culturales entre ambas naciones nunca se quebraron, independientemente de lo que ocurriera en las cancillerías.

“En mi país usan mucho casi todo lo relacionado a la cultura de México. En los cumpleaños, el mariachi. Tenemos una muy buena visión y opinión sobre los mexicanos. Esta es una cuestión más política, a nivel de liderazgo”.
Sobre Betssy Chávez, el académico rechaza la narrativa oficial peruana que la presentó como una figura peligrosa.
“No hizo ningún daño. El único que hizo fue solidarizarse con los campesinos y los jóvenes que salieron a apoyar a Castillo. Hubieron matados en diferentes partes del país y eso quedó en la impunidad.”
La pregunta que más divide a la comunidad peruana en el exterior es si el gesto de Fujimori representa un viraje genuino o un cálculo político de corto plazo. Gómez no descarta ninguna de las dos lecturas.
“Ella quiere ganarse un poquito la confianza del sector que está discontento con ella. Lo está haciendo con estas acciones, que no significan necesariamente un cambio real en su plan de gobierno”, explicó Gómez.
El punto de tensión más concreto que identifica son las llamadas leyes por los crímenes, normas que han servido para reducir o eliminar cargos contra políticos investigados por corrupción, y cuya derogación exige la oposición como condición para un trabajo legislativo genuinamente plural.
Con todo, Gómez se permite mirar hacia adelante con algo de esperanza.
“Yo veo un futuro positivo porque una sola persona no lleva todo el mando en un país, sino también el grupo que la acompaña. Y en ese equipo creo que hay personas que todavía creen en lo justo, en lo social”.
A pregunta expresa sobre el papel que México puede jugar en ese proceso, fue directo:
“México es una nación que se ha ganado el respeto a punta de ejemplos, no nada más de palabras. Si la señora Claudia quiere, puede ser una muy buena influencia para Keiko, si es que Keiko quiere hacer las cosas bien.”
El comunicado firmado este viernes no resuelve todas las tensiones acumuladas en estos años. Pero sí cierra un capítulo que mantuvo a dos pueblos hermanados atrapados en la lógica de sus gobiernos. Y eso, para la diáspora peruana que lleva meses siguiendo cada movimiento desde el extranjero, ya es algo.
Por Luis Ángel Galván Peimberth
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