Veinte años de lucha… y la reforma sigue sin llegar

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Fotografía (Luis Ángel Galván)

-De las Megamarchas de 2006 a la Resistencia Civil: Una Retrospectiva Histórica

Hace veinte años, el norte de Texas fue escenario de algo que hasta entonces parecía imposible: decenas de miles de inmigrantes salieron a las calles y, por primera vez, dejaron de ser invisibles. Pero lo que ocurrió ahí no fue un hecho aislado: en 2006, esa misma escena se replicó en más de 100 ciudades de Estados Unidos —desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York y Washington D.C.— movilizando a millones de personas en una de las mayores protestas sociales en la historia reciente del país. Lo que comenzó como una respuesta a iniciativas legislativas que buscaban criminalizar la migración —como la Ley Sensenbrenner— terminó por convertirse en un punto de quiebre: el nacimiento de una conciencia colectiva.

 

El Cimiento Moral y la Unidad Multiétnica

En Dallas-Fort Worth, la fe fue el motor que elevó la protesta a una cuestión de dignidad humana. El 5 de mayo, el entonces Obispo de la Diócesis de Dallas, Kevin Farrell, pronunció un discurso que marcó el rumbo ético:

 

“Todos nosotros tenemos que abrir nuestro corazón y hacer que nuestras voces sean escuchadas… no debemos callarnos frente ante esta situación que no solo es cuestión de política y economía, sino también de los derechos humanos de todas las personas. Siempre hemos sido una nación de inmigrantes y vamos a seguirlo siendo. Que nuestra oración sea que Dios mande su espíritu a cambiar la mentalidad y el corazón de nuestros líderes para que traten a cada persona con justicia y dignidad”., (fuente: archivo digital El Católico de Texas).

Por su parte, Juan Gómez, originario de Perú y residente en Dallas enfatizó que la lucha trascendía nacionalidades y era una batalla contra el racismo:

“Nadie nace con odio, eso se aprende, tenemos que re-educarnos… en esta marcha no solo hay latinos, hay grupos afroamericanos, islámicos y de otros países. Con solidaridad y dignidad es posible todo. Estamos en un proceso de maduración como comunidad”.

Contexto Histórico: Liderazgo y Organización

La movilización masiva en Dallas no fue un evento fortuito, sino el resultado de una estructurada coordinación comunitaria. Domingo García, activista clave en la histórica marcha de 2006, fue fundamental en la conformación de comités organizativos para garantizar el orden en las manifestaciones que partían desde la Catedral de Guadalupe hacia el edificio municipal. Su liderazgo se centró en canalizar la urgencia de una ley que permitiera el libre tránsito y desarrollo de millones de personas indocumentadas.

En aquel momento, García era enfático sobre la necesidad de tomar las calles: “La marcha es el vehículo para mandar un mensaje claro a los congresistas y al presidente: la comunidad no solo trabaja, también tiene voz y exige un acuerdo migratorio justo”, señalaba.

 

Para el activista, estas movilizaciones tenían un fin educativo y estratégico: “Este tipo de movimientos sociales nos enseñan que los cambios más relevantes en la historia moderna de los EE.UU. se han logrado así, con demostraciones pacíficas y masivas; debemos ser estratégicos para que el efecto sea favorable a nuestra causa”, (fuente: La Estrella newspaper).

A esta red de liderazgo se sumó la voz inquebrantable de Antonio Herrera, líder salvadoreño y sobreviviente de la guerra civil, quien desde finales de los ochenta convirtió el exilio en organización.

Herrera, quien fuera una pieza clave en la lucha por el Estatus de Protección Temporal (TPS) y fundador del Centro Comunitario Monseñor Romero en Dallas, participó fielmente en las movilizaciones de 2006. Para él, la lucha no era por protagonismo: “No lo hicimos por ego… lo hicimos para que no se repitiera el dolor de nuestros pueblos”, afirmaba, subrayando que su compromiso no tenía fronteras, ya fuera por El Salvador, México o Centroamérica.

Desde la estrategia civil, Douglas Danilo Interiano, de Familias Unidas, recordaba el objetivo fundacional que unió a más de 40 organizaciones:

 

“El objetivo es formar una voz y una visión común entre todas las organizaciones, para así poder educar a nuestros oficiales electos sobre la necesidad de cambiar el sistema de inmigración a un sistema justo, humano y sensato. Queremos que el gobierno entienda que somos una parte vital de esta sociedad y que nuestra situación legal debe ser resuelta con dignidad”, (fuente:la Estrella newspaper).

El Pastor Lynn Godsey, de la Alianza Hispana Evangélica Ministerial (AHEM), destaca que la fuerza provino de la base y que la movilización fue un acto de fe activa. En sus declaraciones históricas, Godsey subrayaba la efectividad del movimiento.

“Hemos provocado interés en los legisladores porque un pastor viene de tan lejos a sus oficinas; el mensaje es que la iglesia no está encerrada, está presente donde se toman las decisiones”. Para él, la organización era la clave de la supervivencia: “Si no nos organizamos, nos van a pisar uno por uno; en unidad, somos una fuerza que ningún político puede ignorar”.

En la mega marcha del 2006, miles de los que estaban ahí eran evangélicos porque de esos años teníamos cinco estaciones de radio… anunciamos, promovimos esta cosa y dijimos: la gente sale de una iglesia, hermanos, lleguen temprano, lleven su Biblia, si quieren lleven su lonche. No es lo que se hizo, es lo que nosotros hicimos como un grupo en unidad… Hemos sido muy efectivos porque de, por ejemplo, de Baytown, Texas, llega un pastor allí y deja la carta en la oficina de su legislador. Me han dicho: ‘Ustedes son muy efectivos porque han provocado interés en ellos de que un pastor venga de tan lejos acá’.

En retrospectiva, a dos décadas de distancia

A veinte años de aquel despertar, los protagonistas analizan lo avanzado y los desafíos que persisten en un sistema que consideran “roto”. Lamentablemente, este aniversario coincide con la pérdida de uno de sus pilares; Antonio Herrera falleció este pasado 18 de marzo de 2026 en Dallas, dejando un legado de resistencia que sus compañeros hoy honran.

Para el Pastor Lynn Godsey, al mirar estas dos décadas, la lección principal sigue siendo la perseverancia frente a un panorama político cambiante. “Lo que aprendimos es que la victoria no es un evento de un solo día. En Texas estamos más organizados que en otro lugar porque entendimos que debemos ser constantes. Cuando la SB4 pasó, le dije al senador republicano Charles Perry: si tratan de hacer esto otra vez, en el nombre poderoso de Cristo voy a traer 10,000 pastores. Ese espíritu de unidad es el que ha mantenido a la comunidad de pie a pesar de que la reforma sigue pendiente”, reflexiona Godsey, enfatizando que la movilización de 2006 dejó una estructura que aún hoy sirve de escudo contra leyes que intentan dividir a las familias.

Para Interiano, hoy director ejecutivo de Proyecto Inmigrante ICS, Inc., y quien reconoce a Herrera como un referente de lucha, “en este esfuerzo colectivo a nivel nacional se logró el programa DACA para los jóvenes. También se logró que se reconocerá la figura del ‘prosecutorial discretion’ o discreción del fiscal, que permitió que familias sin antecedentes penales por ICE salieran de detención con una fianza bajo el argumento de que estaban siendo separadas por la ineficiencia del sistema migratorio roto. Se reconoció el estatus de las familias mixtas y se ha logrado concientizar a más oficiales electos. Creo que la lucha ha llegado muy cerca de lograr una reforma, pero todavía no estamos ahí”.

Al mirar atrás, Gómez reflexiona sobre la evolución del movimiento y señala que, aunque la visibilidad se logró, la estructura política sigue siendo el gran pendiente:

“Estamos en un proceso de maduración como comunidad, pero debemos entender que la marcha fue solo el inicio. El resto ha sido mantener esa llama encendida durante dos décadas sin que se apague en la rutina o la desilusión política”.

Por su parte, Diana Flores, Presidenta del Comité de Recursos Humanos para la Educación, de Dallas College, dijo a Enlace magazine que, “la marcha fue para una reforma justa y no se ha logrado, las cosas han empeorado. Es sumamente triste para mí que tanta gente se creyó de sus mentiras políticas. Muchos tenemos familias mixtas; a mi nieto le deportaron a sus suegros que habían estado aquí por 30 años y los deportaron sin debido proceso. Tenemos que seguir luchando y que nuestra gente despierte”.

Roberto Chavarría, originario de Michoacán y activista comunitario en el Norte de Texas apuntó que la regularización migratoria sigue en el limbo.

“Seguimos esperando la regularización para millones que siguen en el limbo. Ya son 40 años desde la amnistía del 86. Hoy es mucho más complicado… la enseñanza más clara es que tenemos que mover a nuestra comunidad a puestos clave en el Congreso y el Senado. En una democracia, el peor error que cometen los buenos ciudadanos es no participar. Los jóvenes tienen que aprender de nuestra historia y mantener vivo ese espíritu cívico”.

Este despertar que empezó con gritos de justicia en las calles ha terminado por transformar el mapa político de Texas. Los números de aquel entonces a la fecha muestran una distancia abismal: en aquel 2006, solo 2.1 millones de hispanos estaban registrados para votar; hoy, en este 2026, esa cifra ha dado un salto enorme superando los 6.2 millones.

El poder de los números frente a la apatía

Según datos del Buró del Censo de E.U. y la Secretaría del Estado de Texas, el peso de la comunidad en el padrón electoral casi se ha triplicado, pasando del 16% en el 2006 a representar el 34% de todos los votantes en ese estado en este 2026.

Por su parte, Gustavo Jiménez, quien también participó en la megamarcha del 2006 ofrece una visión crítica del presente que contrasta con los datos duros:

“El voto hispano sigue siendo bajo y por eso no se ha visto un cambio real en Texas”, señala. A su juicio, el problema no es falta de información, sino apatía: “No es ignorancia, es falta de participación cívica”. Jiménez advierte que, tras el impulso de 2006, el movimiento no logró consolidar una estructura sostenida que transformara la movilización en poder político: “Fue un momento fuerte, pero no se tradujo en participación constante en las urnas”.

El Legado: Del Asfalto a las Urnas

Por su parte, García asegura que la victoria lograda en el 2006 se volvería a repetir en este 2026, pero para lograrlo es necesaria la participación de los hispanos en las urnas.

“Derrotamos las leyes anti-inmigrantes en el 2006 y las vamos a derrotar otra vez en 2026. La lucha sigue hasta que tengamos una reforma que de ciudadanía y residencia a todos los que no tienen récord criminal. Marchamos y ahora necesitamos votar. El voto latino ha cambiado la votación totalmente y ha sido clave en derrotar distritos que fueron republicanos por 30 años. Muchos latinos han dicho que no estamos de acuerdo con las deportaciones masivas o que pongan niños en centros de detención”.

Por Luis Ángel Galván Peimberth

@enlacemagazine

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