Volver para intentar otra vez: el costo humano y económico de la deportación
Cada año, miles de mexicanos son devueltos desde Estados Unidos por diversas causas que van desde una simple violación de tránsito, violencia intrafamiliar, no haber cumplido con algún paso dentro de un proceso legal del fuero común o migratorio, entre otros.
Pero, detrás de esas cifras hay otras que no son citadas con frecuencia, y es que muchas veces no siempre son personas distintas, sino las mismas que lo intentan una y otra vez, empujadas por la necesidad.
La mayoría de quienes regresan son hombres jóvenes, trabajadores, provenientes de estados como Guerrero, Oaxaca o Chiapas; muchos no salieron de sus comunidades por ambición, sino porque en sus lugares de origen simplemente no hay suficientes oportunidades para vivir con dignidad.
Y aunque regresan, en realidad no vuelven del todo.
Muchos dejan atrás a sus familias, a sus hijos, por años de trabajo en Estados Unidos. Su retorno no es un nuevo comienzo, sino una ruptura. Llegan a comunidades donde el empleo es escaso, donde el ingreso no alcanza y donde las condiciones que los obligaron a migrar siguen intactas.
Por eso, para muchos, el regreso es solo una pausa antes de volver a intentar cruzar.
Los datos oficiales reflejados por la Unidad de Política Migratoria del gobierno de México, permiten dimensionar con mayor claridad quiénes están detrás de esta realidad. En 2025 se registraron más de 220 mil eventos de devolución de mexicanos desde Estados Unidos.
De ese total, la gran mayoría fueron hombres. Casi 9 de cada 10, lo que en términos reales representa alrededor de 195 mil hombres deportados en un solo año. En contraste, las mujeres representaron cerca del 10 al 12%, es decir, entre 22 mil y 26 mil casos.
En términos de edad, alrededor del 95% de las devoluciones corresponden a personas adultas, lo que equivale a más de 209 mil casos.
El restante 5% corresponde a menores de edad, lo que significa que más de 11 mil niñas, niños y adolescentes fueron devueltos en 2025.
Dentro de este grupo hay dos realidades distintas: menores acompañados y menores no acompañados, estos últimos en condiciones de mayor vulnerabilidad.
Solo en enero de 2026 se registraron 14,690 devoluciones, lo que indica que el flujo no se ha detenido.
En la frontera norte de México, esta realidad se hace visible todos los días: albergues saturados, servicios rebasados y personas sin recursos suficientes para reiniciar su vida.
Cuando regresan a sus comunidades, lo hacen a economías que no han cambiado. La falta de empleo persiste y las oportunidades siguen siendo limitadas.
Cada deportación es una remesa menos. Esto reduce el consumo y debilita las economías locales.
En Estados Unidos, los migrantes mexicanos sostienen sectores clave como la agricultura, la construcción y los servicios. Su salida genera vacíos laborales y aumenta costos.
Las más de 220 mil devoluciones registradas en 2025 no reflejan control, sino repetición.
Porque para muchos mexicanos, migrar no es una decisión, es una condición que se repite.
Por Luis Ángel Galván Peimberth
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