Entre la verdad personal y la historia colectiva

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La salud pendiente en el periodismo independiente

 

DURANGO, Dgo.-Hola, soy Luis Ángel Galván Peimbert, originario de Durango, México. Como periodista independiente he aprendido que contar historias implica observar con distancia, dar voz a otros y mantener el criterio razonable. Sin embargo, cuando uno se convierte en parte de la historia, esa distancia se desvanece y aparece una línea frágil entre la verdad personal y la conciencia colectiva.

En mi caso, enfrentar la necesidad de una operación a corazón abierto sin seguridad social me obligó a recorrer instituciones y tocar puertas. Al mismo tiempo, me hizo ver con claridad la vulnerabilidad que compartimos muchos colegas en el gremio periodístico: trabajar sin protección, expuestos a la precariedad y a la fragilidad de la salud.

 

El oficio y la vulnerabilidad

Por más de veinte años he ejercido el periodismo de investigación. He recorrido gran parte del país y también Centroamérica y Estados Unidos. Mis temas han abarcado desde notas locales hasta política, comunidad y migración, este último un campo al que he dedicado gran parte de mi labor.

El año pasado, por accidente, descubrí que padecía un mal congénito que me obligaba a una cirugía a corazón abierto en un plazo de cinco meses. Esa noticia me hizo replantear mi camino y mirar la profesión desde otro ángulo. Acostumbrado a ser quien pregunta y da voz, me encontré en la necesidad de pedir ayuda, de explicar mi situación y de esperar respuestas que muchas veces no llegaban.

Un espejo del gremio

Esa vulnerabilidad me permitió comprender que detrás de cada periodista independiente hay una historia de esfuerzo, pero también de precariedad: largas jornadas, ingresos inestables y la ausencia de una red de seguridad cuando la salud se convierte en urgencia.

Recorrer instituciones y tocar puertas no fue solo un camino personal, fue un espejo de lo que enfrentan muchos colegas que trabajan fuera de los sistemas formales. Somos parte de un gremio que sostiene la democracia con información, pero que a menudo queda desprotegido en lo más básico: el derecho a la salud.

 

La solidaridad inesperada

Durante el proceso de búsqueda de una solución recibí respuestas diversas: algunas llenas de motivación y fe, otras meramente formales, y unas pocas con verdadera urgencia de sumarse y ayudar. Sin brújula, me encontré en un camino incierto, donde lo más urgente era la atención médica que debía desembocar en una cirugía.

Fue entonces que comunidades de migrantes, amigos, familia y particulares —a quienes en su momento entrevisté con rigor periodístico— levantaron la voz y se sumaron a la lucha. A través de la reunión de fondos, en la medida de sus posibilidades, han contribuido para que pudiera acceder a una atención médica básica. A ello se sumó la buena voluntad de amigos que, sin pensarlo dos veces, caminaron conmigo en la búsqueda de una solución.

Como dice la frase, “entre más oscura es la noche, más cerca está el amanecer”. Entre la incertidumbre y el miedo, surgió la ayuda médica que permitió que hoy pueda narrar esta historia de la que soy protagonista.

Un llamado a la conciencia

Aunque hoy estoy convaleciente gracias a la operación, sobrevivir como independiente agrava el problema: aún debo continuar con el tratamiento postoperatorio y enfrentar lo que esto implica.

Cuento mi historia porque busca despertar conciencia. Si quienes cuentan las historias de la sociedad no tienen garantizada su propia protección, ¿qué mensaje estamos enviando sobre el valor del periodismo?

Narrar la mía es también denunciar una realidad colectiva. No se trata solo de mi operación, sino de la necesidad urgente de que la comunidad periodística se reconozca como vulnerable y se organice para exigir condiciones dignas. Mi voz es una entre muchas, pero espero que al compartirla se convierta en un llamado a la solidaridad y a la acción.

Por Luis Ángel Galván Peimbert

@enlacemagazine

 

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