Deportado Christopher: INM cierra caso que mantuvo en zozobra a familias duranguenses

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DURANGO, Dgo.-Durante siete semanas, Rommy Galván Heim no pudo salir de su casa con tranquilidad. El hombre que la intimidó en un centro comercial de la calle Felipe Pescador el 18 de mayo, que antes había acosado a su hija en el lugar donde prestaba servicio social como médico, siguió merodeando por el Centro Histórico de Durango. Se mudó a unas cuadras de su domicilio. Pernoctaba a menos de una cuadra. Los vecinos, amigos y familiares le avisaban por dónde se movía.

Ese capítulo cerró el lunes 13 de julio de 2026 a las 22:40 horas, cuando Christopher Glenn Fisher, ciudadano estadounidense nacido el 21 de marzo de 1974, fue entregado a las autoridades migratorias de Eagle Pass, Texas, a través del Puente Internacional 2.

Previamente había sido localizado en inmediaciones de la Plaza de Armas de Durango alrededor de las 8 de la mañana, conducido a las oficinas del INM y sometido al procedimiento administrativo migratorio correspondiente.

La resolución quedó plasmada en el oficio INM/ORED/DAJ/0518/2026, firmado por el Ing. Ignacio Fraire Zúñiga, Titular de la Oficina de Representación del INM en Durango, y entregado formalmente a Rommy Galván Heim el 14 de julio de 2026.

Siete semanas encerrada, dos quejas y una insistencia que dio resultado.

Cuando recibió la noticia, Romi lloró , pero no de tristeza; “cuando me dijeron, yo lloré, no lloré de tristeza, lloré de alegría, porque habíamos vuelto a ser una familia como tal, a poder salir al cine, a poder ir a comprar un refresco, a poder salir de casa”.

 

En esta historia, Romi Galván Heim,  fue la afectada directa.

El proceso no fue sencillo ni rápido. Rommy presentó dos quejas formales ante el INM, además de la denuncia ante la Fiscalía General del Estado, que continúa su curso. La primera queja fue recibida el 8 de junio y la segunda el 7 de julio de 2026, según consta en el documento oficial. La presión de los medios de comunicación y otras denuncias ciudadanas relacionadas con el mismo individuo también contribuyeron a acelerar la resolución.

“No solamente fueron las quejas y denuncias nuestras, hubo en medios de comunicación otras quejas y otros comentarios que se hicieron acerca de este señor. Entonces, pues todo esto coadyuvó para que el señor pudiera salir”, relató Romi.

El primer acercamiento de Fisher hacia la familia de Rommy ocurrió a mediados de marzo, cuando se aproximó a su hija en el lugar donde prestaba servicio social como médico. Las autoridades revisaron su situación migratoria y determinaron que se encontraba en el país de manera irregular, lo que permitió iniciar el procedimiento administrativo que derivó en su deportación.

Gabriel, otro de los afectados y quien en mayo de 2025 presentó una denuncia formal por robo contra la misma persona y cuyo testimonio formó parte del reportaje publicado en mayo de 2026, recibió la noticia también con alivio, aunque con una lectura más matizada.

“Un final feliz, pues a lo mejor si lo quiere ver de esa manera podría ser, pero yo no lo veo así. Lo que sí me da gusto es que da tranquilidad y esta persona no va a seguir haciendo aquí sus desmanes”, señaló.

Para Gabriel, la deportación no cierra completamente la historia de Christopher Fisher, sino solo el capítulo que le correspondía a Durango.

“La historia de Christopher no se acaba aquí. Él va a llegar allá y quién sabe qué vaya a suceder con él. Yo espero que reciba la atención que necesita y que ya no esté deambulando solo y haciendo lo que le venga en gana, porque se ve que es una persona no funcional”, apuntó.

Gabriel, quien tuvo que abandonar Durango y mudarse a El Salto por el miedo que le generaba la presencia de Fisher en la ciudad, valoró especialmente que la resolución dejara constancia de que las instituciones pueden responder.

“Muchas veces en este país la gente hace lo que quiere sin consecuencias. El ver que se hizo algo da hasta un poco más de confianza en las autoridades. No fue un caso omiso”, aseveró Gabriel.

Los testimonios de ambos entrevistados coinciden en que Christopher Fisher llevaba muchos años residiendo en Durango de manera irregular, interactuando con distintas personas en el Centro Histórico, el barrio de Río Dorado y otros puntos de la ciudad. Tiendas de conveniencia, locales de comida y centros comerciales fueron escenarios donde, según los afectados, su conducta generó conflictos repetidos.

“Tenía muchos años viviendo aquí en Durango, haciendo mil cosas y vagando por todos lados. Y aprovechando esa barrera del lenguaje, tratando de confundir a la gente con la que interactúa y de esa manera manipulándolos”, explicó Gabriel.

Según las denunciantes, se hacía pasar por militar activo de las fuerzas armadas estadounidenses, incluyendo supuestos cargos en la División Espacial, narrativa que usaba para generar confianza o intimidar según la situación. Además de Rommy y Gabriel, hay al menos otra persona que presentó denuncia formal ante la Fiscalía y que tuvo que salir de la capital del estado por el temor que le generaba la presencia de Fisher.

El temor persiste y el llamado a la ciudadanía.

A pesar del alivio, Rommy reconoce que la deportación no garantiza que la situación no pueda repetirse.

“Nosotros sabemos que el señor puede regresar en cualquier momento, aunque haya sido deportado. En una persona común y corriente se quedaría en su país, pero sí tenemos el temor fundado de que él pudiera regresar”, dijo Romi.

Por eso, lanzó un llamado directo a la ciudadanía: si alguien detecta nuevamente a Fisher en Durango, que lo reporte de inmediato al Instituto Nacional de Migración, ya que al haber sido deportado, su presencia en el país sería ilegal.

“Si lo ven, por favor comuníquense con Nacional de Migración para que ellos hagan lo conducente administrativamente para que salga”.

Un caso que muestra cómo funciona el sistema cuando se le insiste

Más allá del caso particular, tanto Rommy como Gabriel coinciden en que esta resolución deja una lección sobre la importancia de persistir ante las instituciones, incluso cuando los avances son lentos y la incertidumbre pesa.

“Esperamos que sí sea una vuelta a la página, que este capítulo se haya cerrado definitivamente”, señaló Galván.

 

Por su parte, Gabriel  sentenció que, “uno hace cosas y tiene que haber una consecuencia. Y el que exista esa consecuencia da un poco más de confianza. Se vio que el organismo funciona, que se escuchó, que no fue solo un caso omiso.”

La denuncia ante la Fiscalía General del Estado continúa su curso, con fechas de audiencia pendientes.

Por Luis Ángel Galván Peimberth

@enlacemazgazine

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