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De las calles de Durango al corazón político de Chicago

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Alguna vez fue el niño que jugaba trompo y canicas en las calles de Santiago Papasquiaro Durango. Un niño de barrio que fue a la primaria Lázaro Rodríguez y a la secundaria Ramón Valdés, sin saber que esos días de juego y polvo serían el primer capítulo de una historia que lo llevaría, décadas después, a las puertas del cargo más importante de Chicago, la tercera ciudad más grande de los Estados Unidos.

George Armando Cárdenas emigró a los casi trece años, sin hablar inglés y sin saber con claridad qué le esperaba al otro lado. Como millones de mexicanos antes y después de él, cruzó la frontera cargando más esperanza que certezas. Lo que encontró fue un país que no le regaló nada, pero que tampoco le cerró todas las puertas.

“Llegué sin nada, sin lenguaje, sin saber qué nos esperaba. Y ahora nos vemos que podemos, que tenemos la capacidad, que tuvimos la disciplina para armar una buena carrera”, explicó Cárdenas.

De las filas del ejército a los pasillos del poder

 Fue el ejército estadounidense el que le abrió la primera puerta grande. El servicio militar le financió sus estudios y Cárdenas no desperdició la oportunidad: obtuvo una licenciatura en Contabilidad y posteriormente una maestría en Ciencias Políticas con especialidad en Relaciones Internacionales, ambas en la Universidad Northeastern de Illinois.

Años más tarde completó un programa ejecutivo en la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford.

Antes de entrar a la política, construyó una sólida trayectoria en el sector privado. Trabajó como consultor internacional en Arthur Andersen, fue director de Abastecimiento Estratégico en empresas como Tenneco y Ameritech, donde logró ahorros de hasta 20 millones de dólares, y fundó su propia empresa de remesas llamada Quick Dinero, que le generó el capital suficiente para dar el salto que cambiaría su vida.

“Me metí en la política y me enamoré. Así pasa. Y ahí me quedé”, puntualizó George.

 

 

Veinte años como voz del Distrito 12

 En 2003, George Cárdenas fue electo concejal del Distrito 12 de Chicago, un cargo que ocuparía durante casi dos décadas, hasta 2022. En ese tiempo ganó cinco elecciones consecutivas, impulsó legislación en beneficio de su comunidad, atrajo más de 100 negocios nuevos a su distrito y presidió comités estratégicos del Ayuntamiento de Chicago, entre ellos el Comité de Protección Ambiental y Energía y el Comité de Salud y Protección Ambiental. También encabezó el Caucus Latino del Concejo Municipal entre 2015 y 2017.

En 2022 dio un paso más y ganó la Comisaría del Primer Distrito del Consejo de Revisión del Condado de Cook, el segundo condado más grande de todo el país, donde desde entonces se encarga de revisar y determinar si los impuestos prediales que pagan los contribuyentes son justos o excesivos.

“Ya tengo 24 años en este ambiente político, representando a mi comunidad de una manera u otra. He servido, he ganado cinco o siete elecciones seguidas. Me estoy postulando para alcalde porque tenemos todo armado, tenemos las herramientas.”

 

La candidatura: el momento de la comunidad hispana

Las elecciones para la alcaldía de Chicago están programadas para febrero de 2027, y Cárdenas ya está en campaña. Su apuesta descansa sobre un dato contundente: los hispanos ya representan el 33 por ciento de la población de Chicago, superando por primera vez a la comunidad afroamericana, que concentra el 29 por ciento. Sin embargo, ese crecimiento poblacional no se ha traducido todavía en poder electoral.

“Hemos crecido en población pero no en votantes. Muchos no se naturalizaron, no votaron, y no enseñaron a sus hijos la importancia de hacerlo. Pero nunca es tarde. La gente joven ya es ciudadana. Solo hay que registrarlos y motivarlos”, explicó George.

Para Cárdenas, su candidatura no es solo una ambición personal, sino una oportunidad histórica para una comunidad que durante décadas ha sido mayoría demográfica pero minoría política.

“Tener a alguien que te entiende, que sabe tus necesidades, que comparte tu cultura, hace toda la diferencia. Si eliges a alguien que no entiende tu cultura, no va a tener esa visión global. Eso se nota en las decisiones”, subrayó este duranguense.

El miedo como telón de fondo

En el contexto actual, con redadas migratorias y deportaciones que han golpeado duramente a las comunidades hispanas en todo Estados Unidos, Cárdenas identifica el miedo como la preocupación número uno de los suyos.

“Puedes salir en la mañana a trabajar y tal vez no regresas esa tarde. Ese miedo no se lo deseas a nadie, especialmente cuando no estás haciendo nada malo: estás trabajando, contribuyendo, pagando tus impuestos”, aseveró.

Como candidato a alcalde, tiene una posición clara: Chicago seguirá siendo una ciudad que no coopera con el ICE. Pero va más allá. Propone usar el cargo para establecer vínculos diplomáticos directos con México y exigir, desde el nivel municipal, un trato digno para los migrantes mexicanos.

“México tiene mucha influencia en Estados Unidos, pero no la usa como debe. Pierde Estados Unidos y pierde México cuando nuestra gente no puede viajar, no puede crear actividad económica en ambos lados, no puede ver a sus familias. Hay quienes mueren sus mamás y no los pueden ver, no los pueden dejar descansar en paz. Eso es muy feo”, apuntó. Cárdenas.

Una visión global que Chicago necesita

Cárdenas también toca un tema que lo indigna especialmente: la decisión que tomó en 2018 el entonces alcalde Rahm Emanuel de no buscar que Chicago fuera sede del Mundial de Fútbol 2026.

“Un alcalde latino nunca hubiera dicho que no a la FIFA. Al contrario, hubiera negociado que México jugara al menos un partido aquí en Chicago. Imagínate eso. Eso es no entender la cultura, no entender las tendencias globales”, explicó George.

Para él, ese episodio ilustra perfectamente por qué importa tener representantes que conozcan y vivan la cultura de su comunidad, no solo en el discurso, sino en las decisiones de fondo.

El duranguense que no olvida su barrio

A pesar de los años, los cargos y los logros, Cárdenas habla de Durango con una naturalidad que no parece estudiada. Tiene casa en Santiago del Papasquiaro y planea regresar cuando su agenda se lo permita. La remembranza de esas calles, esas escuelas y esos juegos de infancia sigue viva en él como si el tiempo no hubiera pasado.

“Cambiamos de lugar, pero no cambiamos de corazón. Soy de ahí y lo voy a seguir siendo”, subrayó.

Su mensaje para los duranguenses de ambos lados de la frontera es directo y emotivo:

“Quiero que la gente sepa que un niño que jugaba en las calles de Santiago puede llegar a hacer algo grande. Somos familia, estemos donde estemos. Apóyense, únanse, y sepan que esto que estoy haciendo también lo hago por ustedes”, finalizó.

 Por Luis Ángel Galván Peimberth

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