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Megamarcha del 2006: Un movimiento valiente que abrió las puertas a la comunidad migrante

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El 9 de abril de 2006 Dallas fue escenario de la manifestación más grande en la historia de Texas. De acuerdo al Departamento de Policía se calculó la asistencia de casi medio millón de personas que tomaron las calles para exigir respeto a los derechos de los inmigrantes y rechazar una propuesta de ley HR 4437 que criminalizaba a quienes ayudaran a indocumentados. Aquella jornada no nació de la nada: detrás hubo semanas de trabajo comunitario, donde el precedente fue una acción promovida por jóvenes estudiantes, misma que encendió la chispa de lo que después vendría.

 

Y es que tres semanas antes de la megamarcha, estudiantes de preparatorias y secundarias en Dallas realizaron un walkout. Entre el 27 y 29 de marzo de ese año, las calles fueron el escenario de este movimiento juvenil que remató en la plaza cívica del City Hall de la ciudad de Dallas, donde además de manifestarse en ese lugar algunos incluso disfrutaron de la fuente pública en señal de rebeldía. Ese gesto espontáneo, desorganizado y arriesgado, fue el punto de quiebre.

Renato de los Santos, parte del equipo de planeación, lo resume: “Sin los jóvenes, no se hubiera hecho. La mega marcha se hizo porque ellos se salieron de las escuelas y nos obligaron a organizarnos”. Francisco Álvarez coincide: “Los jóvenes fueron el rol inicial importantísimo. Esa iniciativa desorganizada fue lo que originó todo”.

Planeación Comunitaria

 Lo que siguió fue un esfuerzo colectivo. En las oficinas de LULAC, jóvenes y líderes comunitarios trabajaron hasta la madrugada elaborando mantas y carteles. Renato recuerda: “estábamos aquí hasta las tres o cuatro de la mañana y luego regresábamos a trabajar a las ocho. Fueron tres semanas así, porque era tan importante para la comunidad”.

De los Santos señaló que no había fondos institucionales, “cada quien aportaba de su bolsillo para llamadas telefónicas, materiales y logística. “Se hicieron muchos esfuerzos personales, porque no había fondo. La comunidad se levantó rápido y cada quien puso lo que pudo”, explicó.

Por su parte, Francisco describió las reuniones: “eran agotadoras, porque había que abordar todo: la seguridad, quién iba a hablar, cómo se iba a organizar la marcha. Lo más complicado era ponernos de acuerdo entre liderazgos fuertes y reacios”.

La abogada Lena Levario, quien entonces fungía como jueza del Distrito 204 en Texas para casos criminales también vivió ese desgaste al momento de estar como voluntaria dentro del comité de organización.

“Me llegaban los recibos del teléfono grandotes, de 500 dólares, porque estaba en llamadas todo el día. Pero no me importaba, era divertido y necesario. Lo más importante era que la comunidad se levantara y que los inmigrantes vieran que no estaban solos”.

Liderazgos y voces

 En aquel entonces, la convocatoria para la primera mega marcha fue posible gracias a liderazgos como Domingo García y Héctor Flores, quienes lograron articular distintos sectores. “Tiene que haber liderazgos fuertes… él pudo convocar a varios de nosotros”, apuntó Francisco.

A esta estructura se sumaron voces que aportaron la fuerza de las coaliciones, María del Carmen Acosta, originaria de Veracruz y quien en ese momento presidía la Coalición de Organizaciones Mexicanas, (COM por sus siglas al español), en Dallas; destaca que ese momento fue un parteaguas para la libre expresión de la comunidad.

Acosta recuerda la importancia de ese día como el inicio de una nueva etapa; “fue como una puerta para poder todos manifestarnos, para poder tener esa gran oportunidad… un esfuerzo que valió la pena porque nos abrió el camino”.

Asimismo, la organización contó con la participación de grupos independientes.

 Polo Gauna, quien presidía Nuevo León, explicó que su motivación fue la unidad: “Nosotros por acá, por el lado, nos juntamos y participamos… lo que nos animó fue poder llevar la palabra de que estamos los mexicanos unidos y estamos luchando por un fin común”.

Por su parte, activistas como Gloria Cervantes, dirigente de la campaña “No Manches”, aportaron la firmeza del activismo directo.

“A donde quiera que sea, así soy. Es necesario que sepa la autoridad que aquí estamos y que no nos vamos a dejar”, apuntó Cervantes.

Renato por su parte subrayó que, “las personas que no pertenecían a ninguna organización fueron las más importantes, porque eran los directamente afectados. Ellos fueron los que dieron sentido a la marcha”.

La abogada Levario describió esta marcha como un movimiento valiente; “ganamos una batalla, no la guerra, pero demostramos que sí se puede cuando las personas se juntan”.

La mega marcha además de ser nutrida, colorida y apasionada, fue complementada por discursos como el de Héctor Flores, presidente nacional de LULAC.

“En 1776 este país fue fundado por inmigrantes; hoy, esas palabras siguen siendo verdaderas: somos iguales. ¡No nos devolveremos!”, exclamó Flores arriba del escenario

Un mar de gente

El día de la marcha, las calles de Dallas se convirtieron en un océano de banderas la mayoría estadounidenses, y voces que reclamaban dignidad. La cifra oficial habló de 500 mil asistentes; los organizadores aseguran que rebasaron ese número.

Renato por su parte describió la escena; “era como un mar de gente, de todas las alturas, de todos los colores, de todos los países. Queríamos decir: aquí somos parte de este país, aquí debemos pertenecer y ser respetados”.

Legado de la organización

La planeación no solo garantizó la logística, también dejó frutos políticos. Se impulsó el registro de votantes, se defendieron oportunidades educativas y se demostró el poder colectivo.

Álvarez lo resumió así: “el mayor logro fue hacernos visibles; antes estábamos en la oscuridad; después de la marcha, nadie pudo ignorarnos”.

Renato añadió que, “lo más importante fue que la comunidad por primera vez vio que tenía poder. Todos juntos podíamos levantar una voz y lograr cambios”.

Por su parte, la Jueza Levario concluyó que, “evitamos que se criminalizara a los inmigrantes; fue una batalla ganada y un ejemplo de que sí se puede”, puntualizó.

Por Luis Ángel Galván Peimberth

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