En marzo de 2006, la vida de Gustavo Jiménez Jr., hijo de padres mexicanos, se dividía entre los pasillos de la preparatoria en Duncanville High School, y su formación como Eagle Scout.
Gustavo en aquel entonces era un joven de 16 años que, según sus propias palabras, “no sabía realmente tanto de política”. Sin embargo, mientras el país discutía la iniciativa de ley HR 4437, Gustavo escuchaba en su entorno conversaciones que lo inquietaban profundamente.
La H.R. 4437, también conocida como la “ley antiinmigrante” o “propuesta Sensenbrenner”, buscaba convertir a los inmigrantes indocumentados en criminales y castigar también a quienes los ayudaran, como iglesias o familiares.
Esta iniciativa provocó miedo e indignación en muchas comunidades y fue el detonante de las protestas masivas de 2006 en por lo menos cien ciudades, incluidos los walkouts estudiantiles en Dallas. No era solo una propuesta técnica; era una medida que impactaba directamente en la dignidad de su comunidad. Fue entonces cuando Gustavo Jr., comprendió una idea que marcaría su visión del conflicto: “Las palabras si importan”.
Para Jiménez, el lenguaje de esa iniciativa no era un detalle menor. Consideraba que etiquetar como “criminal” a quien busca trabajar o a quien ofrece una mano amiga —un traslado o un plato de comida— transformaba la percepción social de su gente. Esa inquietud lo llevó a pasar de las aulas a la organización de una de las protestas estudiantiles más recordadas en la historia de Dallas.
La logística del despertar: MySpace y el apoyo familiar
La historia comenzó un domingo frente a la pantalla de una computadora. Al ver que estudiantes en Los Ángeles organizaban walkouts (salidas de clase), Gustavo decidió que Dallas debía tener su propia expresión de rechazo. Redactó un volante y fijó un punto de encuentro: el Kiest Park, en Oak Cliff.
El apoyo logístico para que esa idea se materializara vino directamente de su núcleo familiar. Su padre, Gustavo Jiménez, lo llevó a su oficina en un banco para imprimir las primeras 500 copias del volante. Pero la labor no terminó ahí; se convirtió en una operación conjunta. El lunes 28 de marzo de 2006, desde muy temprano, la familia Jiménez se puso en marcha.
Para cubrir más terreno antes de que sonaran las campanas escolares, se dividieron las rutas: su padre se encargó de distribuir volantes en ciertos puntos, mientras que sus hermanas se unieron activamente a la entrega de la convocatoria en las puertas de las escuelas. Juntos, recorrieron planteles emblemáticos como Sunset, Kimball y Skyline, y el propio Gustavo Jr., en la Duncaville HS.
Gracias a este esfuerzo familiar, el mensaje llegó a manos de cientos de jóvenes en cuestión de horas. Gustavo recuerda su motivación de aquel momento: “Yo nomás dije: déjame hacer algo de mi parte de tratar de hablar por los que no pueden”.
El Walkout: “El poder que teníamos sin saberlo”
A las 9:30 de la mañana de aquel lunes, cientos de estudiantes abandonaron las aulas. Gustavo llegó al Kiest Park enfrentando la incertidumbre de la respuesta estudiantil y las posibles represalias académicas. Al ver la magnitud de la asistencia, el joven organizador sintió que el objetivo se cumplía: “Darle un poco de esperanza a la gente que no podía tener voz… para que no se sintieran sin ayuda”.
En el parque, los jóvenes formaron con sus cuerpos un mensaje masivo para las cámaras de televisión que en helicóptero sobrevolaban esa área: “NO HR 4437”.
Para Jiménez Jr., ese evento marcó un antes y un después en su generación. Años después, resume la importancia de ese descubrimiento: “Quería que los jóvenes vieran la diferencia que pudimos hacer… el poder que teníamos sin saberlo”.
9 de abril de 2006: Un discurso de contrastes
Semanas más tarde, aquel adolescente, a invitación de Héctor Flores, entonces presidente nacional de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC por sus siglas al inglés), con la intermediación de René Martínez, también de LULAC, y Bill Millet, este último un documentalista; este joven mexicoamericano se encontraba en el podio del City Hall de Dallas ante cientos de miles de personas.
Gustavo, su intervención hizo referencia a su identidad y a la situación de su familia, beneficiaria de la amnistía de 1986. No obstante, el eje de su discurso fue la situación de su hermana, quien había regresado de combatir en la guerra de Irak un mes antes:
“Me han preguntado muchas cosas. Una de ellas es por qué empecé esta protesta. La principal razón es que creo que estoy contento de tener la oportunidad de ser nacido y educado en los Estados Unidos. Cuando mis padres tuvieron la suerte de tener amnistía en 1986… yo y mis hermanas, una de ellas que solo regresó de Irak hace un mes, ¿qué tipo de imágenes de América está enviando cuando está ahí protegiéndonos para que vuelvan a desesperar a sus familias así?”
Balance a dos décadas
Hoy, Gustavo analiza aquel episodio como un proceso de aprendizaje fundamental sobre la participación ciudadana. Según su testimonio, el movimiento de 2006 permitió que muchos jóvenes descubrieran su capacidad de influir en la conversación pública de los Estados Unidos.
Al cumplirse 20 años de aquellos eventos, hoy Gustavo Jiménez Jr. con casi 36 años de edad, electricista certificado y como profesión que desempeña, es un orgulloso padre de familia.
Este otrora estudiante de la Duncanville HS, mantiene que la experiencia sirvió para demostrar que la organización es una herramienta de defensa necesaria.
Su balance actual se centra en la importancia de mantener esa conciencia social, insistiendo en que el impacto de la comunidad depende de reconocer, como él lo hizo a los 16 años, que “las palabras si importan” y que es vital ejercer “el poder que teníamos sin saberlo”.
Hoy cinco de abril del 206 en punto de las siete de la tarde se exhibe el documental, “Mega Marcha” en el Texas Theatre, en el 231 W. Jefferson Blvd, Tallas Texas 75228, promovido por LULAC.
Por Luis Ángel Galván Peimberth
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