Caravana de haitianos: la crisis que sorprendió a todos

Fotografía:

Sergio A. Rodríguez

Especial/Enlace magazine

MONCLOVA, Coah.-Las autoridades no supieron lo que pasó: en unos cuantos días más de 15 mil migrantes haitianos invadieron Coahuila. En un fin de semana los casi 300 mil habitantes de Monclova y su zona metropolitana, en el estado del Estado, vieron asombrados como cientos de centroamericanos de piel oscura llegaron a la ciudad en su camino a Ciudad Acuña.

Previo a esos días, autobuses de transporte foráneo en sus rutas de línea a Piedras Negras y Acuña llevaban a cientos de extranjeros a la última frontera de Coahuila, para cruzar a Estados Unidos.

Las autoridades estatales, sorprendidas por la masiva llegada de miles de haitianos, como primera medida instalaron filtros en la carretera federal 57, al sur y al norte de Monclova, donde detuvieron a decenas de camiones e “inivitaron” a los transmigrantes a deshacer el camino andado.

Sin explicaciones ni miramientos, elementos policiacos fuertemente armados bajaron a los viajeros, sin revisar si contaban con documentación para estar en México y les impidieron viajar más al norte.

“Sólo nos dijeron ¡bájate! ¡bájate! ¡bájate!, saca los dineros… a mí me quitan cinco mil pesos. Yo tengo familia, dos hijas, no tengo ahora para comprar ni un pan” expuso un con voz marcada y acento francés, en tono indignado un viajero transmigrante haitiano, cuyo nombre no quiso revelar por temor a represalias.

Policías con armas largas, cascos y uniformes tácticos de color negro fueron los elementos acusados de robar a los viajeros. En Coahuila varias corporaciones estatales y municipales cumplen con la descripción de los denunciantes.

Algunos transmigrantes fueron subidos a otros autobuses, detenidos en la carretera por las autoridades, para enviarlos a Monterrey u otras ciudades que no fueran fronterizas. Los más fueron dejados en la carretera, por lo que tuvieron que continuar su marcha caminando.

La vía federal 57 México-Piedras Negras, en su tramo Monclova-Acuña se convirtió en paso de miles de niños, mujeres y hombres afrohaitianos que caminaron bajo calores de más de 40 grados centígrados durante varios días los 299 kilómetros de desierto.

Habitantes de Coahuila impresionados por la marcha, acudieron en apoyo de muchos viajeros llevándoles agua, refrescos, ropa y alimentos. Entre la población existía el temor de llevar a los caminantes a su destino o por lo menos acercarlos más al norte. Existía la creencia -por un incidente de tiempo atrás- de que podrían ser acusados de tráfico de personas.

“Encontramos gente buena, encontramos gente mala” explicó Agustín, un haitiano indocumentado que habla poco español y lleva tres meses viajando para intentar llegar a Estados Unidos.

Un porcentaje de migrantes tienen documentos para estar legalmente en el país, pero la mayor parte no cuenta con ellos, reconocen los mismos haitianos.

Para el gobierno estatal, la repentina llegada de los caribeños a Coahuila fue financiada por la delincuencia.

“Realmente hubo intromisión del crimen organizado. Estaban vendiendo droga hacia el interior de los campamentos de los migrantes, detectados por nosotros” dijo el gobernador del Estado, Miguel Ángel Riquelme Solís, quien externó su preocupación por que la situación pudiera ser de riesgo para la población.

Pese a las denuncias de abusos policiacos, de robo de dinero y de impedir el libre tránsito a los centroamericanos con y sin documentación legal, el titular del poder ejecutivo del estado afirmó que atendió los derechos humanos de los extranjeros, pero también protegió a la población “de un daño mayor, derivado de que eran 15 mil migrantes”, afirmó.

Adriana Gaona, portavoz del Instituto Nacional de Migración, (INM), dijo que la presencia de los caribeños en el país, en un gran número, es legal y son libres de transitar por la entidad.

En Acuña, donde se congregó el mayor número de viajeros, el municipio en coordinación y el INM iniciaron trabajos que podrían concluir en la expedición de cartas de residencia para los haitianos en esa ciudad, indicó Felipe Basulto Corona, secretario del ayuntamiento.

En Monclova, 300 kilómetros al sur de ese puerto fronterizo, el alcalde Alfredo Paredes López ofreció y otorgó apoyo a los refugiados; les abrió los brazos, pero sólo para que transitaran “sin quedarse” en la ciudad.

En torno al respeto de los derechos humanos de los extranjeros, declaró que las autoridades federales le solicitaron que pusiera a disposición las celdas de Seguridad Pública Municipal para detener ahí a migrantes. Pero el mandatario local se negó.

Mientras Coahuila reinició de manera lenta pero firme, su recuperación económica causada por la pandemia, Monclova sigue atrapada en una recesión por esta misma causa y por los problemas financieros de Altos Hornos de México, motor económico de la Región Centro de Coahuila.

Paredes López señaló que los empleos que se generen con la recuperación industrial “serán para los monclovenses que perdieron su trabajo; no para los haitianos”.

Miles de caribeños llegaron al rio Bravo por Ciudad Acuña y se instalaron en un gigantesco campamento debajo del puente internacional en tierras estadounidenses en la población de Del Río, Texas, de donde el gobierno norteamericano inició su repatriación en vuelos de aviones comerciales.

En Monclova el INM ofreció pasajes gratis a haitianos que quisieran regresar al sureste de México para retornar a su país; luego en la frontera mexicana se les ofreció el regreso asistido a su país, lo que fue aceptado por muchos.

Sin embargo, cientos de centroamericanos siguen en tierras coahuilenses; en Ciudad Frontera, en la zona metropolitana de Monclova, la comunidad católica de la congregación del Verbo Encarnado, en la vicaría de Guadalupe, formó una Pastoral del Migrante y construyó un albergue temporal para haitianos.

Esta casa de migrantes que se ubica en la iglesia de San Juan de los Lagos, en el municipio de Frontera, es sostenida en su totalidad por la feligresía y por donativos de particulares y organizaciones no gubernamentales, sostuvo el padre Paulo Alfonso Sánchez Valencia, encargado del programa.

Hace aproximadamente cinco meses un grupo de seis sacerdotes y laicos, por iniciativa de la Diócesis de Saltillo creó esta pastoral en Ciudad Frontera. En unos pocos días crearon el albergue exclusivo para los migrantes haitianos en el templo de San Juan de los Lagos, donde medio centenar de centroamericanos están instalados.

El sacerdote informó que la Pastoral, coordinada con la sociedad civil, con Organismo No Gubernamentales y la Diócesis de Saltillo apoyan a los extranjeros y esperan a que éstos resuelvan qué pasos darán.

Algunos caribeños, apoyados por la Fundación Manos que Ayudan, tramitan su legal estancia en el país como asilados o refugiados para obtener la residencia y tener permiso para trabajar. La mujer de un matrimonio de viajeros dio a luz a su bebé en Coahuila. La pequeña es mexicana por nacimiento y esta situación favorece a sus progenitores y hermano mayor para que puedan arreglar su residencia en el país, dijo Pedro Magaña, presidente de Manos que Ayudan.

Pero otros, principalmente los más jóvenes y que viajan solos y sin familia, quieren continuar su viaje con la esperanza de cruzar a Estados Unidos.

El suplicio del viaje

“Estaba en Tapachula. No encontré casa, no teníamos algo para vivir, y la gente no ayuda nada” explicó Agustín, haitiano, quien viaja solo a Estados Unidos.

El migrante explicó que su familia sigue en la isla, no pudo salir. Él consiguió huir a Chile, pero por su condición de indocumentado tuvo que abandonar el país y decidió buscar suerte en Estados Unidos.

“Nosotros tratamos caminando a pie, para ver si podemos llegar a un lugar donde encontrar trabajo”. Fue así como inició su odisea; “Aquí en el camino encontré gente buena y encontré gente mala”, continuó con su narración.

Agustín lleva tres meses viajando desde Chile, y espera llegar a la frontera norte de México para cruzar a Estados Unidos. Sostuvo que trató de hacer las cosas de manera legal, pero al entrar a Chiapas, en Tapachula la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) le dio cita hasta el 10 de diciembre para iniciar su trámite para regular su estadía en México.

Sin embargo, no tenía un lugar dónde vivir, ni dinero para alimentarse. Tampoco obtuvo permiso para trabajar y diariamente ingresaban cientos de migrantes a la comunidad, lo que hacía la situación más complicada, así que decidió caminar hacia el sueño americano.

El caribeño busca refugio por la crisis provocada por la muerte del presidente de Haití, Jovenel Moïse, asesinado el siete de julio pasado. Como miles de sus compatriotas, primero huyó a Chile, pasó a Bolivia, luego a Perú, de ahí viajó a Ecuador, continuó a Colombia, siguió a Panamá e ingresó a México por Poza Rica, de donde inició su peregrinaje a Estados Unidos.

“La policía nos quita la plata”

Otros viajeros, cuyos nombres prefirieron no revelar por miedo a represalias, compartieron su sufrimiento en el viaje. Como Agustín, salieron a Chile de la isla caribeña que es su nación y continuaron el viaje a México.

Con dinero ahorrado compraron en Poza Rica pasajes de autobús para Acuña, Coahuila, pero al llegar esta entidad fueron bajados de los camiones mucho antes de llegar al destino por el que pagaron.

“Pagamos mil 300 pesos de Poza Rica hasta Acuña” indicó uno de los viajeros. Su compañero denunció que la policía les robó el dinero que llevaban, “a mi me quitan cinco mil pesos. Yo tengo familia, dos hijas, no tengo ahora para comprar ni un pan” sostuvo.

En la Central de Autobuses no les resolvieron el problema. Ni les regresaron el dinero de los pasajes ni les repusieron el viaje. Descubrieron que alguna autoridad gubernamental ordenó que no les vendieran pasajes a los haitianos.

Ambos viajan con sus familias, esposas e hijos, dijeron.

Los dos indicaron que muchos de sus compatriotas tienen documentos legales para estar en México, pero las autoridades de Coahuila ni siquiera les pregunta. “Hay muchos que tienen papeles, la policía no pregunta quién tiene papeles. No preguntan nada de eso, nada más te sacan y te quitan el dinero. Eso no son policías, eso son secuestradores” expuso el migrante.

Afirmó que cuando les pidieron a los agentes que les regresaran su dinero, los elementos policiacos los amenazaron con dispararles. Ambos sostienen que este trato inhumano y amenazante es la primera vez que lo sufren en México.

Uno de los haitianos afirmó contar con un permiso de libre tránsito por el país, para viajar por 20 días y salir de México (con la esperanza de hacerlo para Estados Unidos), pero los agentes que los detuvieron y bajaron del autobús en la comunidad de Hermanas, a una hora de Acuña, no revisaron su documentación y le ordenaron regresar.

Cuando trataron de comprar nuevos pases para viajar, en la Central de Autobuses de Monclova, “(los empleados de la línea de camiones) entran a la computadora para vender un Ticket, reciben una llamada y dicen (que) ya no pueden vender” boletos a los extranjeros, sin importar que tuvieran pasaporte y papeles en regla.

Buscan quedarse en México

La fundación Manos que Ayudan, Organismo No Gubernamental, (ONG);  asiste a medio centenar de migrantes haitianas en sus trámites con la Comar para arreglar su residencia en el país.

Pedro Magaña, presidente de esta organización, trabaja de la mano con la Pastoral del Migrante y con el padre Paulo Alfonso Sánchez para apoyar a los viajeros en su camino a Estados Unidos, su retorno a su país de origen o las gestiones para convertirse en refugiados en México.

Las ONG´S, ciudadanos y comerciantes ayudan a los haitianos hospedados en ese refugio donando alimentos, ropa y hasta juguetes para los niños ahí asilados, dijo César Eduardo García Osoria, uno de los laicos que integran la Pastoral.

Mirtha Hilda Díaz, activista de Manos que Ayudan, con recursos propios adquirió balones de futbol, para que niños y adultos tengan actividad y se diviertan. El padre Paulo dijo que lo importante es “ayudar a nuestros hermanos haitianos que necesitan de nuestro apoyo”.

Por Sergio A. Rodríguez

Especial/Enlace magazine

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