Con el inicio del proceso electoral idealmente marca la pauta para un nuevo comienzo, sin embargo, los rostros solo repiten en otros partidos; es decir, pan con lo mismo, dirían los abuelos.

Y es que la posibilidad de que se logre un cambio a través de la política en México es como desear que los políticos sean menos corruptos y más honestos.

Para Durango el panorama no pinta nada bien; las luchas intestinas al interior de los diversos institutos políticos y la “necesidad” de no pocos personajes en su afán por figurar en estas elecciones los ha llevado a renunciar a los llamados principios que en su momento rigieron su participación política hoy son desechados como cualquier envoltura.

Las negociaciones para ocupar los codiciados espacios estarán condicionadas a compromisos que a mediano y largo plazo redituarán grandes ganancias para el dueño del balón.

Así también se mantendrán los reclamos por aquellos que en su momento y con argumentos bien sustentados vieron frenadas sus aspiraciones para contender por su propio derecho y representar los diversos sectores de población, en particular a las comunidades vulnerables.

En ello se agrega también el poco interés de los legisladores locales por reconocer y otorgar los derechos a los migrantes para ejercer el voto y elegir a los diputados a nivel local.

Se habla de equidad y reconocimiento de derechos; en el papel suenan muy bien, pero en la práctica dista mucho de la realidad.

Por Luis Ángel Galván Peimberth

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