MIAMI, Florida.- La necesidad de una mejor oportunidad de vida para apoyar  económicamente  a su familia fue lo que impulsó a  Cinthya  Yamile Barrientos Rosas, migrar a los Estados Unidos.

Originaria de Jutiapa, Santa Catarina Mita en Guatemala, esta joven en ese entonces de casi 17 años, años había acariciado la oportunidad de salir de su comunidad de origen para encontrar progreso y por ende, una vida mejor; para ello ya había dispuesto la posibilidad de emprender el viaje hacia la frontera con ayuda de un “pollero”.

“Ya había intentado hacerlo antes pero no funcionó, pero quería hacerlo de nuevo, pues deseaba ayudar a mi familia”.

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La decisión de tomar el viaje, explicó Cinthya, no fue de la noche a la mañana, fue un consenso entre sus tíos, quienes residen en el estado de Florida y de los que recibió apoyo para poder emprender una empresa de esa envergadura.

“No tuve unos padres ni hermanos que me apoyaran, pero si unos hermosos tíos que me ayudaron para llegar hasta aquí”.

Para esta joven, migrar no era solo un capricho, sino una vía para comenzar a construir su futuro y la oportunidad de apoyar a su familia económicamente, pues la situación económica que se vive en su país es complicada, debido a que no hay suficientes oportunidades laborales, así como el índice de violencia que ahí impera.

 

“Es un país bien peligroso como todos, pero ahí depende de las personas si se meten en problemas; pero si estás tranquilo no pasa nada”, y agregó, “al menos con nosotros nunca pasó nada”.

De acuerdo a cifras oficiales, en el 2022, Guatemala registró 4 mil 263 homicidios, un 4,5 por ciento más que en el 2021.

La travesía

Según lo hablado con las personas que había hecho el trato para ser llevada hasta los Estados unidos; el argumento que definió su salida de Guatemala era que por ser menor de edad al llegar a la frontera y cruzar el Río Bravo, en tierra estadounidense ella se entregaría a las autoridades de inmigración y de inmediato quedaría bajo el cobijo del gobierno de ese país.

“Yo me la creí, y también me dijeron que en un plazo de 15 días todo esto ocurriría, pero que no me preocupara, que todo saldría bien”.

Sin embargo, pese a esa promesa hecha por los responsables de llevarla hasta su destino no se cumplió y el plazo se alargó a más del doble, exactamente 35 días en los que dijo, “estuvo mi vida en riesgo, pensé que iba a morir”.

La salida de su natal Jutiapa fue un 10 de febrero a las cuatro de la mañana, sola y con mucho miedo y dudas que le asaltaban en el camino preguntándose su esa había sido la mejor decisión.

“Sabía que ya no podía regresar, y si lo hacía es porque podría regresar casi muerta, así que continué mi camino y me uní con todas las personas que íbamos a cruzar la frontera”.

Al ingresar a territorio mexicano, Cinthya comenzó a experimentar mucho miedo, pues además de lo que ya había escuchado por otras voces, era también los constantes avisos que los polleros les daban de que si no hacían lo que ellos decían los iban a entregar a otros Cárteles o los venderían al mejor postor, o peor aún, ellos mismos los matarían.

“Cruzar la frontera de Guatemala con México no fue difícil”, explicó; “pero si tuve que adecuar mi manera de ser y hablar; me dijeron que tenía que hablar y comportarme como una mujer mexicana y así sería más fácil cruzar por ese país”.

Ya en México, Cinthya fue “huésped” de varias casas de seguridad, donde el miedo y las dudas por lograr su cometido se acrecentaban.

En Tenosique Tabasco, esta joven guatemalteca estuvo 17 días en una casa de seguridad, “no me movían a pesar de que entraban y salían muchas personas; después fuimos a la Ciudad de México donde estuve viviendo 5 días en casa de una señora que apenas conocí”.

El trayecto no estuvo exento de incidentes como la revisión en retenes donde las autoridades previa aportación económica dejaban pasar a los grupos de migrantes.

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“Pasamos por varios retenes y hubo que pagar dinero a las autoridades, la cuota era de 300 pesos por persona;  éramos un grupo grande donde veníamos de todas las edades, y siempre con el temor de que algo nos fuera a pasar”.

Finalmente, y después de muchas penurias lograron llegar a Reinosa, Tamaulipas donde se realizó el cruce nocturno.

“Esa noche, más de 30 pasamos en una balsa, todos éramos menores de edad; ahí nos dijeron que ellos, (los polleros), ya habían cumplido con su trabajo y que solo restaba caminar unos minutos para entregarnos a los oficiales de inmigración”.

Cinthya relató haber caminado más de media hora adentrándose en terreno peligroso, “caminamos más de 35 minutos, ya era muy tarde y era un lugar muy peligros pues había personas de la Mara 18.

Finalmente, este grupo de menores de edad fue interceptado por los oficiales de la Patrulla Fronteriza y fueron conducidos a un centro de detención donde posteriormente fueron procesados cada uno de los menores y sometidos a entrevistas por separado.

“Cuando yo hablé con los oficiales, les dije de donde soy y quienes son mi familia; después me entregaron con mis tíos, no sin antes ser sujeta a un proceso migratorio donde tendré audiencia en este próximo octubre ante un juez federal de inmigración”.

Cinthya, reconoció que a pesar de los riesgos que corrió, “es una experiencia que no le deseo a nadie, y solo espero que el juez me permita quedarme y lograr mi sueño de estudiar, conducir y trabajar para ayudar a mi familia”, finalizó.

Por Luis Ángel Galván Peimberth

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