La pandemia sigue, pero las condiciones son diferentes

 

DURANGO, Dgo.-Durante el mes de octubre del 2020 en Durango se registraba un incremento importante en el número de casos y defunciones por covid-19, lo que hizo que para la primera semana de noviembre se declarara el semáforo rojo en la entidad. Para el día 2 de noviembre del 2020 se habían registrado 14,705 casos positivos y 873 defunciones. Un año después, la pandemia no ha terminado, pero nos encontramos en condiciones muy diferentes, sobre todo por el proceso de vacunación que se ha llevado a cabo, aunque, por supuesto, el dolor de quienes perdieron a un ser querido a causa de esta enfermedad, sigue latente.

Un contexto diferente, pero no hay que confiarse

Para el 25 de octubre del 2021 se tenían registrados 47,706 casos positivos y 2,932 defunciones, de acuerdo a los datos emitidos por la Secretaría de Salud en Durango, sin embargo, para este mes se dio una baja importante en el número de contagios, lo que permitió que el estado regresara al semáforo epidemiológico verde, y con ello, nuevas medidas preventivas que permiten mayores aforos en eventos presenciales y una mayor actividad comercial, lo que sin duda es importante para la reactivación económica en la entidad.

Sergio González Romero, secretario de Salud en el estado, comentó que la situación es muy diferente a la vivida el año pasado, sobre todo porque hay mayor conocimiento de la enfermedad y porque el avance en el esquema de vacunación ha sido muy rápido, no obstante, “a pesar del semáforo verde debemos seguirnos cuidando, porque ya estamos viendo lo que está pasando en otros lados y no podemos caer en el mismo error, no lo vamos a permitir. Vamos a permitir aforos, pero restringidos”. Además, González Romero destacó que en algunos países de Europa ya se está viviendo una “cuarta ola” de contagios, además de la presencia de una nueva cepa que no se descarta, pudiera llegar a nuestro país, como ha sucedido con las que ya se conocen.

Uno de los factores que han ayudado a una mejor propagación del virus ha sido el uso del cubrebocas, informó el secretario, y también ha ayudado a que se presenten menos casos de otras enfermedades. “No hubo aumento en enfermedades gastrointestinales, hemos tenido menos gripes, menos influenza, y todo esto es gracias al uso del cubrebocas”, señaló.

De acuerdo a los datos del registro diario de vacunación, en Durango han recibido al menos una dosis un millón 340 mil 187 personas, lo que corresponde a un 84.9% del total de la población mayor de 18 años que se tiene registrada. El 18 de octubre inició la vacunación para menores de 12 a 17 años que tengan alguna comorbilidad, de los que, de acuerdo a datos de la Secretaría de Salud, se estima que haya 60 mil en el estado, pero solo poco menos de 2 mil se habían registrado para recibir la vacuna.

El dolor por quienes ya no están

Si bien es cierto, vivimos un momento diferente en la pandemia, quienes perdieron a un ser querido por esta enfermedad todavía viven su ausencia. Hay casos, como en las defunciones de personal médico, en los que la familia todavía se cuestiona si debieron obligar a su familiar a no ir a trabajar, a no estar en la línea de batalla en los hospitales, pero al final reconocen que murieron cumpliendo su deber y responsabilidad como profesionales de la salud.

Laura Cecilia Rodríguez Franco, hija del doctor Alfredo Rodríguez Briones, respetado y querido por la comunidad médica y la sociedad en general, recordó que durante el Día del Médico, que se celebra el 23 de octubre “era una fecha especial en la que celebrábamos a nuestros grandes médicos, pero hoy se ha convertido en un día de nostalgia. No creo ser la única que día a día se pregunta ¿y si se hubiera quedado en casa? ¿Y si no hubiera salido a trabajar al hospital? Recriminando de cierta manera a la profesión que nuestros seres amados escogieron para ejercer”.

 

A dos años de la pandemia y luego de un doloroso proceso de duelo por la muerte de su padre, “logré entender que no había forma más perfecta de partir de este mundo para nuestros familiares, haciendo lo que más les apasionaba, que era ejercer la medicina”. Directivos, médicos y todo el personal de salud, manifestó, han entregado su vida para mantenernos fuera de peligro. “Si le pudiera preguntar a mi papá por qué no se quedó en casa y fue al hospital a trabajar, seguro me diría: ‘Ese era mi deber’. Cada uno de los trabajadores de la salud que han muerto dejaron a su familia para salvar a muchas más, dejaron a un nieto para que otros tomaran la mano de su abuelo, dejaron a sus hijos para que muchos más pudieran abrazar a sus padres, dejaron a sus esposas para salvar a quienes recién se casaron”.

Para la doctora Claudia Rosalba García López, de por sí ya es complicado dedicarse a la medicina desde la etapa de estudiantes, porque tienen que dejar de lado la diversión, momentos con la familia, fechas especiales, por tener que estudiar, y posteriormente, para atender a quienes lo necesiten en el momento que sea, pero todo se hace con amor y con el orgullo de portar la bata blanca.

“Estoy convencida de que fuimos seleccionados por un ser superior para ser herramienta y manos de él mismo, para desempeñar como un apostolado la ciencia de la medicina, para llevar salud a las personas, pero también, consuelo y empatía”, manifestó la doctora, especialista en ginecología. Durante la pandemia, dijo, los médicos han luchado contra “algo que no conocíamos”, pero se ha hecho con valentía y responsabilidad “y como en toda guerra, tuvimos pérdidas de grandes y valiosos compañeros”.

Pocas veces se reconoce el enorme esfuerzo que se ha hecho, “porque hemos caído en depresión al ver que la pandemia iba más rápido que nosotros, con muchas horas de cansancio dentro de un traje en el que apenas se puede respirar, que deja marcas en nuestra piel por tantas horas de uso, y sobre todo, marcas en el corazón y el alma al ver cómo se nos escapaban tantas vidas de seres humanos”.

Todavía falta mucho por aprender de la enfermedad, pero aseguró, los médicos no se dejarán vencer y seguirán trabajando, además de que han tenido un enorme aprendizaje, “principalmente el agradecer por despertar un día más, el poder respirar sin estar conectado a un respirador, el valorarla presencia de nuestros seres queridos y a ser más solidarios entre nosotros y con nuestros pacientes, con nuestros familiares, para poder dar una mala noticia o para compartir con alegría que lo logramos y todo estará bien”.

Por Carlos Yescas Alvarado

Especial/Enlace magazine

 

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