El ataque a Pearl Harbor y su importancia para la migración

-El 7 de diciembre de 1941 la fuerza aérea japonesa atacó la base estadounidense en Hawái.

Existen cientos de películas donde vemos a los soldados estadounidenses como los grandes héroes de la humanidad, sin embargo, en los procesos bélicos también hay una amplia participación de los migrantes, que pocas veces es reconocido. El 7 de diciembre de 1941 la Fuerza Aérea de Japón atacó la base de Pearl Harbor, en Hawái, con lo que destruyeron una buena parte de la armada en ese lugar, lo que fue el momento decisivo para que el presidente Franklin D. Roosevelt entrara de lleno en la Segunda Guerra Mundial, pero también cambió la percepción que durante la década pasada a esa fecha se tenía de los migrantes, sobre todo de los mexicanos.

            Desde 1910, derivado de la revolución mexicana, se dio una enorme migración de mexicanos a los Estados Unidos, y en una década se estima que un millón de ellos cruzó la frontera, lo que era algo tan sencillo como pasar la línea divisoria. Sin embargo, en 1929 ocurrió la gran depresión, lo que puso en jaque la economía del vecino país del Norte y empezó a cambiar la percepción de los migrantes, pues se consideraba que no había suficientes puestos laborales para los ciudadanos estadounidenses, y los llamados “mexicano-americanos” ya no tenían espacio en el país, así que empezó una campaña en contra de ellos y más de medio millón fueron deportados, además de que todo cambió: se creó la policía fronteriza y el paso en la frontera ya no fue tan sencillo como antes, y se le dio más importancia al hecho de tener un estatus legal o ilegal como migrante.

            Para 1939 la mayoría estaba de acuerdo en participar en la Segunda Guerra Mundial, ante el avance de las tropas alemanas en Francia y la posibilidad de derrotar a Inglaterra, pero el presidente Roosevelt no había tomado las medidas definitivas para hacerlo, cosa que cambió con el ataque a Pearl Harbor, cuando hizo el llamado a unirse al ejército, lo que tuvo un enorme eco en la población, incluidos los migrantes. Los jóvenes, sobre todo, se unieron a las fuerzas armadas  y miles a los puestos de trabajo que se abrieron con la industria bélica, pues había que fabricar, armas, uniformes y demás utensilios necesarios para la guerra, lo que un primer momento ayudó a terminar con los problemas causados por la gran depresión, aunque por otra parte dejaba desprotegida a una parte de la ciudadanía, pues la mayoría de los recursos económicos y humanos se destinaban a este fin, y no a programas sociales y otras necesidades básicas.

            De acuerdo a testimonios de veteranos mexicanos que a lo largo de la historia se han recogido, la mayoría coincide en que el ataque a Pearl Harbor los motivó a participar del conflicto como parte de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, lo que cambió la percepción que se tenía de ellos, pues se entregaron al trabajo y al combate, tanto o más que alguien nacido en territorio estadounidense.

            En el terreno político, desde el primer momento el entonces presidente Lázaro Cárdenas se negó a la propuesta de los Estados Unidos de establecer bases militares en México, sobre todo en la zona de Baja California, que era considerada de “alto riesgo” ante un nuevo ataque de los japoneses. Esto no se concretó, aunque el gobierno mexicano sacó provecho de la colaboración ante la guerra, pues se hizo que se eliminara el veto que tenia el petróleo mexicano después de la expropiación, además de que tampoco se permitía el paso de la plata mexicana a los Estados Unidos, y otros productos que tenían trabas y altos aranceles, tuvieron un paso libre, pues el país del Norte necesitaba insumos para continuar su participación en la guerra. Luego de varias batallas ganadas, se dejó de considerar que hubiera riesgo de un ataque japonés en la zona, así que ya no se insistió en las bases en nuestro territorio. Para 1943, una reunión entre los presidentes de los dos países, en visitas recíprocas, en Monterrey y en Corpus Christi, se estableció también un programa de trabajadores temporales, conocidos como “braceros”, lo que representó un nuevo auge migratorio, aunque también con otro fin, pues luego del hundimiento mexicano Potrero del Llano, el país decidió dejar su postura neutral y declararse en estado de guerra.

            Mucho se ha especulado que realmente fueron las fuerzas estadounidenses las que hundieron el buque, para forzar al gobierno de México a tomar parte de la guerra, y es que los Estados Unidos habían reformado en 1941 sus leyes, que ahora permitan reclutar y preparar militarmente a todos los residentes en su país, así como a los de países cobeligerantes, sobre todo México, por la sociedad histórica que los ha unido. Esto obligó que el Congreso de la Unión emitiera un decreto, pues anteriormente los mexicanos que servían a las fuerzas armadas de otro país, perdían la nacionalidad mexicana, pero a través de este decreto ya no fue así.

            La percepción que se tenía de los mexicanos solo como mano de obra, cambió, pues miles se fueron al combate, y se habla poco de ellos pues eran parte del ejército estadounidense, y como parte del ejército mexicano solo se habla del famoso Escuadrón 201. Las cifras son confusas, pues por una parte el gobierno estadounidense no quería reconocer que tuvieran tanta participación de mexicanos, y por parte de algunos en México se exageraba, así que van de los 6 mil que el canciller Padilla reconocía en 1943, que contrastan con los 250 mil que aseguraba el senador Alfonso Flores, los 9 mil que dijeron las autoridades de Estados Unidos, y los 15 mil de los que hablaban los principales medios de comunicación, sin contar los que ya eran ciudadanos de los Estados Unidos.

            Si bien, México tuvo una importante participación, aunque poco reconocida en la Segunda Guerra Mundial, lo fue todavía mayor en la economía, ya que se estima que entre 1942 y 1945 303 mil 054 trabajadores mexicanos participaron el Programa Bracero impulsado por las dos naciones, y a esto se le suma una cantidad no identificada de trabajadores que seguían cruzando las fronteras de manera ilegal.

Al final, las cifras hablan que durante la Segunda Guerra Mundial participaron entre 250 y 500 mil mexicanos con el ejército de los Estados Unidos, de los que entre 15 y 30 mil eran ciudadanos mexicanos que fueron reclutados o por voluntad propia se unieron al ejército, y el resto eran de los llamados “mexicano-americanos”, nacidos en Estados Unidos, de padres mexicanos o que habían obtenido la ciudadanía, sin embargo el dato no es preciso, pues no se  les daba un destino diferente en el ejército, como sí lo hacían con los afroamericanos, a quienes se les enviaba a unidades especiales solo con soldados de color.

            Sin duda, el ataque a Pearl Harbor es un hecho histórico para la guerra, pero mucho más para la relación bilateral entre México y Estados Unidos, pues se sentaron las bases de una buena cantidad de aspectos migratorios que hoy en día siguen vigentes, o seguimos viendo los efectos de ellos.

Por Carlos Yescas Alvarado

Especial/Enlace magazine

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