La lucha por los derechos de la mujer indígena continúa, aunque no es fácil

Victoria Maribel Aguilar es abogada y trabaja para el Instituto Estatal de la Mujer en Durango, en Mezquital, donde mantiene un contacto permanente con las comunidades indígenas, sobre todo para tratar temas de violencia hacia las mujeres, que lamentablemente es una conducta que se toma como una “tradición” para muchos de estos pueblos.

            En los últimos años, comentó la entrevistada, la situación ha tenido algunos signos de mejoría, pues más mujeres se han estado informando y se atreven a denunciar y dejar el lugar en el que son maltratadas, aunque esto no es todo, “se debe de abordar el problema desde una perspectiva integral, porque son muchos factores, no solo la violencia en la casa, sino la falta de oportunidades, la violencia sicológica y económica, además de la discriminación”.

            A pesar de que todavía no se puede hablar de que se haya resuelto esta problemática, Victoria Aguilar destacó que “sí hay avances, pero en el Día de la Lucha contra la Violencia hacia la Mujer no podemos celebrar, sino conmemorar lo que otras mujeres han logrado y que nosotras seguimos en la lucha”.

            Un factor que ha podido equilibrar un poco más la balanza es que existen hombres que han entendido que existen nuevas masculinidades y han puesto todo su esfuerzo por integrarse a esa nueva forma de vida, “aunque eso no es bien visto por otros y luego viene el bullying, pues los tachan de mandilones y otras cosas, porque no es común en una sociedad tan machista como en la que hemos vivido en las comunidades indígenas, a un hombre que se ponga a lavar los platos o que le cambie el pañal a los niños”, y en este sentido agregó que de alguna forma esto va excluyendo a estos varones de su comunidad, ya que no se adaptan a las formas tradicionales, sin embargo han sabido resistir y poco a poco se convierten en ejemplo de cómo es que se debe de respetar a las mujeres y entrar a una nueva forma de vida.

            Asimismo, afirmó que no es posible solo considerar este problema a partir de los golpes, sino que afecta de igual manera el que se les cierren espacios por ser mujeres indígenas, que en instituciones de salud, de impartición de justicia e incluso en el DIF no se cuente con intérpretes en las diversas lenguas que se hablan en la zona de Mezquital, lo que limita sus derechos, el acceso a programa sociales y la atención en hospitales, donde, señaló, persisten conductas de discriminación hacia los indígenas.

            “Lo que hace falta es estar en las comunidades, sobre todo para educar, porque a través de la educación lograremos cambios más profundos en nuestras comunidades, porque no es fácil y además son muchos temas los que se tienen que tratar para que de verdad se refleje el cambio”, comentó, y lo que resta en este momento es que siga trabajando con las mujeres para hacerlas más conscientes de la problemática de la violencia y vencer la reticencia de los hombres, quienes durante generaciones han considerado a la mujer como un objeto de su propiedad, “aunque ya podemos ver a hombres que son buenos padres, esposos, y que incluso también son víctimas de violencia. Conozco el caso de un hombre que se hace cargo de sus siete hijos porque su esposa los abandonó”.

            Por otra parte, manifestó que si bien es cierto hay cosas que no están bien todavía, se debe hablar de lo que sí se está logrando, porque eso es importante que las comunidades lo sepan y es que en estos momentos hay mayor número de denuncias de las mujeres, acuden más a buscar el apoyo y una solución a su problema, algo que hasta hace apenas unos años era impensable debido a los que calificó de “mal llamados usos y costumbres”, ya que no debemos acostumbrarnos o hacer de uso común las conductas violentas, sino transformarlas.

Por Carlos Yescas Alvarado

Especial/Enlace magazine

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