Las tres batallas de pacientes con cáncer: dinero, alimentos y la propia enfermedad

Como cada día, pasadas las 8:00 horas, Hilaria Mandujano, residente de Nuevo Ideal Durango, de 54 años de edad, llega al Centro de Cancerología en la capital  en busca de un tratamiento que le permita sobrellevar el cáncer que padece. 

Hilaria acompañada de su hija Nataly acuden al Cecan donde la primera busca ser atendida.

Meses atrás, Hilaria buscó atención médica en el Hospital 450 por diversas complicaciones en su salud, de ahí fue enviada al Centro Estatal de Cancerología (Cecan), donde el único diagnóstico que ha recibido es “tiene cáncer de estómago, está desahuciada”,  narró su hija, Nataly Guadalupe Alvarado. 

“Tenemos más de mes y medio viniendo, el vómito no para, no le hacen ningún estudio. Ella no come, pero vomita mucho. Ya no camina y casi no habla”. 

Una de las últimas ocasiones explicó Nataly, viajaron en la madrugada  de su lugar de residencia a la ciudad de Durango para que su madre fuera atendida, el costo de ese viaje fue de 3 mil pesos.

Este desembolso, dijo,  les representó una limitante, no les quedó para alimentarse y menos para volver a casa. 

Al llegar al Cecan, explicó Nataly, le administraron Ondansetrón y Metoclopramida, el primero de ellos para prevenir las náuseas y vómitos causados por la quimioterapia, aunque nunca ha recibido una. En un lapso de media hora la regresan a su casa “siempre es lo mismo”. 

“Gastamos demasiado, pero para qué, para que no le hagan nada. Es incómodo en camión por la situación en que está mi mamá, los chóferes se enojan, el vómito de ella tiene un fuerte olor. Si nos trasladamos en taxi, cada vez que necesitamos pararnos, lo hacemos; es muy caro, pero más cómodo para mi mamá”, declaró Nataly. 

Son múltiples las historias que se escriben diariamente en el Centro de Cancerología. 

A sus ocho años, Santiago ya se enfrenta por segunda vez a la batalla más complicada de su corta vida. Padece leucemia linfoblástica aguda en recaída; la primera ocasión que supo que existía esta enfermedad tenía apenas tres años 11 meses de edad. 

“Estamos volviendo a empezar, ya había terminado, ya tenía año y medio limpio, pero hace poco le volvió el cáncer”, declaró Gabriela Vázquez Anguiano, madre del pequeño. 

Según el Instituto Nacional del Cáncer, es un tipo de  leucemia (cáncer de la sangre) que se presenta de modo instantáneo y crece rápidamente. En la leucemia linfoblástica aguda, hay demasiados linfoblastos (glóbulos blancos inmaduros) en la sangre y la médula ósea. También se llama leucemia linfocítica aguda y LLA.

A simple vista sus ojos se observan cansados, pero su corazón y cuerpo demuestran energía y ánimo por resultar victorioso nuevamente. Es platicador e inteligente. 

Datos oficiales compartidos por la Organización Mundial de la Salud indican que a nivel mundial el cáncer aumentará un 50 por ciento para el próximo 2030. 

En específico, en México, la leucemia es una de las principales causas de muerte en población menor de 20 años.

Santiago está en un primer período de tratamiento, permanece a la espera de conocer el nuevo diagnóstico médico. 

“Son quimios casi diarias, hasta que termine el primer bloque le hacen un aspirado de médula, y ven qué tanto va bajando el porcentaje. Depende de eso se decide qué procede”. 

Vázquez Anguiano expuso que sí se han enfrentado a la otra batalla, la falta del medicamento necesario para el tratamiento. Tuvieron complicaciones luego del primer diagnóstico. 

“La vez pasada sí estuvimos batallando mucho tiempo, principalmente por la 

 Mercaptopurina, unas pastillas. Espero que este año no sea tanto así”. El panorama se complicaría si como madre de un paciente tiene que adquirir con recurso propio el medicamento. 

Algunos son de dos mil o cinco mil pesos, depende del tipo de quimioterapia, dijo. 

Acudir a tratamiento por cáncer, conlleva inversión en tiempo y en dinero, pues hay un transporte y alimentos que pagar mientras se es atendido. Hay familias que pueden sortear la situación, pero hay otras en que el cáncer prácticamente devasta su bolsillo. 

De estas necesidades fue testigo Gilda Rosales Cáceres, paciente en tratamiento por cáncer de mama. 

“En mi segunda quimio me empecé a dar más cuenta que hay muchas carencias de muchas personas que van ahí. Hay quienes se van de ‘raite’ al hospital, y buscan regresar a su municipio de la misma manera. O gastan en transporte o comen (…) el cáncer arrasa con todo”, expresó. 

En medio del escenario real y complicado que viven los pacientes y sus familias, Gilda comenzó una colecta de diversos artículos, alimentos e incluso ropa con el fin de favorecerlos. 

“El ir ya es un gasto, el subirte al camión es otro gasto, hay gente que tiene que dejar de trabajar para poder atenderse”. 

Rosales Cáceres por otro lado, reconoció que se ha retrasado hasta una semana el medicamento para su tratamiento, pero finalmente llega, por lo que consideró que no hay desabasto en el Centro de Cancerología. 

Si en determinado momento un paciente directamente busca adquirir el medicamento, dijo, es complicado por lo costoso, pero principalmente porque no está a la venta al público, “es delicado, no te lo sueltan, no tan fácil, tiene que ser gente que saben que va directo a los hospitales”. 

Gilda fue diagnosticada con cáncer de mama el pasado 29 de abril, y para el 1 de mayo fue sometida a una mastectomía radical, “te quitan bubi toda completa, te raspan hasta la espalda y te quitan los ganglios”. 

Cada paciente, desde sus posibilidades, enfrenta la batalla contra el cáncer, todos con el mismo objetivo, vencer esta enfermedad que tantas vidas cobra día con día. 

Por Cruz Saldaña Gurrola 
Especial/Enlace magazine  

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