Una vida dedicada a la aventura de la música, con un toque mágico

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Martín Chacón Chacón, originario de Gómez Palacio, Durango, orgulloso lagunero, “tierra musiquera” como la llama él, ha posicionado su nombre en el mundo del espectáculo gracias a toda una vida de esfuerzo y un inmenso amor a la música, la cual ha practicado desde niño, y ahora con varios años más, porque como buen artista no revela su edad, le ha tocado alcanzar el éxito e incluso traspasar fronteras.

                Maestro normalista de profesión ha logrado empatar su trabajo en el magisterio con su carrera en la música, aunque esto ha presentado algunas dificultades, ya que durante la década de los 90 le llegó el éxito con la Banda Radar, de la cual es miembro fundador, “batallamos un poquito porque algunos de los elementos tenemos la carrera de maestros, y estábamos en activo en nuestros trabajos. En mi caso, lo que me facilitó andar en la música fue el hecho de que no cumplía actividades frente a grupo, por lo general, lo que me daba oportunidad de disponer de tiempo para andar en la cuestión artística”.

Los inicios

Afortunadamente, en su familia el gusto por la música siempre estuvo presente y eso lo alentó, “porque en mi familia ha habido músicos, ejecutantes de instrumentos y cantantes también. Tengo tíos que son músicos, tíos que son cantantes también, entonces por ambas familias, materna y paterna hay gente que le gusta lo artístico, entonces me sentí apadrinado por esta actividad que yo emprendí desde niño.

                Martín recuerda que desde que estaba en la primaria ya formaba parte de los coros, rondallas, estudiantinas y demás, “siempre estuve acompañado por la música, desde niño”, y eso sentó las bases para que poco a poco entrara en diversas agrupaciones hasta que con la Banda Radar tuvo oportunidad de grabar varios discos y realizar giras por México y Estados Unidos, acompañando a grandes agrupaciones del género grupero, como Los Tigres del Norte, Límite, entre muchos otros, y tocando en bailes masivos e importantes escenarios.

Maestro y artista

En el andar de la Banda Radar, “desde el primer momento tuvimos ese ‘toque mágico’”, así que de ser un grupo versátil que tocaba los éxitos del momento muy pronto se fueron a la Ciudad de México a grabar su primer disco, fueron contratados por una oficina de representación, lo que les abrió las puertas para salir de Durango y mostrar su talento en el país y más allá de las fronteras.

                Sin embargo, a la par que se acumulaba el éxito y el trabajo seguía cumpliendo con su labor dentro del magisterio, “y se ha tenido que tratar de empatar las dos actividades en el transcurso de los años, para cumplir con una cosa como con otra. Dicen que el que a dos amos sirve, con alguno queda mal, pero en este caso la música, también absorbe, pero también tiene sus momentos flexibles, donde eso da lugar a que uno pueda empatarla con otra actividad que pueda ser un poco agobiante, como puede ser el magisterio”.

                Al correr de los años, subraya, ha ido encontrando la manera de mantenerse en las dos actividades, “sobre todo, contando con el apoyo de nuestros directivos, de nuestras autoridades superiores, y bueno, la música es mágica, la música atrae, la música envuelve, la música genera admiración y por esa parte yo creo que lográbamos magia también en nuestras autoridades, que nos permitían desenvolvernos en la música sin contratiempos.

Con pie firme

En este momento, explica Martín, sigue trabajando con pie firme y prepara junto a sus compañeros un relanzamiento a lo grande la banda, y sabe que se requiere de un gran trabajo para cumplir los objetivos, “ya no les llamo sueños, ni anhelos, porque al haber estado ya con públicos grandes, en buenas plazas de bailes, esos primeros sueños ya se cumplieron, al haber conocido grandes artistas, al haber platicado con artistas de renombre”.

                Luego de estar en el mundo del espectáculo, desataca que la gran mayoría, o al menos a quienes les tocó conocer, “son muy sencillos, muy tratables. A veces a los artistas los tacha uno de sangrones, que son antisociales, pero no, ellos se cuidan, cuidan su imagen, su seguridad sobre todo, y eso lo hemos aprendido, y no es soberbia, no es vanidad, son seres humanos como cualquier otra persona, con sentimientos y lo digo porque he platicado con ellos a lo largo de estos años, de tú a tú, y son buenas personas, sencillos, humildes, pero la farándula exige una imagen por la que michas veces los tachan de engreídos, pero es una imagen artística nada más, es parte del trabajo. Lo artístico es espectáculo, es show, son luces y pues hay que lucir así”.

                Lo que viene, es seguir encontrando ese “toque mágico” y disfrutar de lo que más le gusta: hacer música para compartirla con la gente.

Por Carlos Yescas Alvarado

Especial/Enlace magazine

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